Un sabado perfecto es estar en la cama hasta que la naturaleza me despierta y sin tener ningun tipo de plan y preocupación, te vas a la playa a dar una vuelta, descalzo por la orilla del mar, disfrutando del paisaje y del sonido del mar. Cuando empieza a entrar un poco el apetito ir a tomar algo donde cuadre, pero eso si, siempre sin prisa y sin rumbo fijo.
Después una buena comida o muchos pintxos, una buena siesta, después una buena ducha y a tomar unos cacharros con los amigos. Es perfecto.
























