JUANMA VELASCO
Si el hombre ha sacado desde siempre provecho del mar como medio de navegación, luego lo ha esquilmado hasta acabar con la última anchoa y en el último siglo se ha servido de él como reclamo turístico, ahora le ha buscado un nuevo quehacer. Hace tiempo que se sabe que las olas del mar, además de divertir a los pequeños en la playa, son una fuente de energía, pero el cambio climático y la crisis energética ha acelerado el tomarse más en serio su aprovechamiento.
El País Vasco cuenta con un «gran potencial» para optimizar esta energía y en su costa se desarrollan dos experiencias punteras en este campo. Por un lado, el Gobierno Vasco está construyendo en Mutriku una planta de generación de energía a través de las olas, aprovechando el nuevo dique de abrigo, que producirá el equivalente al consumo eléctrico anual de 1.000 personas; por otro, la unidad de energía de la corporación tecnológica Tecnalia proyecta crear en la costa vasca una infraestructura experimental para desarrollar dispositivos de obtención de energía en mar abierto.
«De todas las formas de extraer energía del mar (olas, mareas, corrientes marinas, maremotérmica...) -afirman desde Tecnalia-, la del oleaje presenta el mayor potencial por ser una energía presente en todo el mundo, de bajo impacto ambiental y alta capacidad de predicción». Según los datos que manejan, la costa cantábrica presenta un potencial energético «medio-alto que ronda los 30 kw/mģ.