EKOPLANETA
Eficiencia y ahorro energéticos, impulso a las
fuentes renovables y mayor responsabilidad ciudadana
en el uso de los recursos naturales. Es la santísima
trinidad de objetivos que se marca la Estrategia
Española de Cambio Climático diseñada por el
Gobierno, y que a partir de hoy comienza un
largo camino de negociación con el resto de
las administraciones del Estado, comunidades
autónomas y ayuntamientos. La Estrategia pone
sus miras en los llamados sectores difusos,
responsables del 60% de las emisiones españolas
de CO2.
A diferencia de la actividad industrial, el
sector del transporte y otros como la construcción,
la agricultura o los usos residenciales y ciudadanos
no están sujetos a ningún tipo de restricción.
Ahora se pretende meterlos en vereda y limitar
su gasto energético y las emisiones atmosféricas
que contribuyen al calentamiento global.
El ministerio de Medio Ambiente activó ayer
los resortes institucionales que debieran permitir
aprobar el plan en los próximos meses, en el
tramo final de una legislatura que hace tiempo
debiera haberse dotado de instrumentos para
luchar contra dos evidencias irrefutables: la
Península Ibérica será una de las regiones más
castigadas por los efectos del cambio climático
en las próximas décadas, y pese a sus compromisos
internacionales, España sigue sin atajar sus
emisiones de CO2 a la atmósfera, un 37% por
encima de los límites establecidos en el Protocolo
de Kioto.
La Estrategia Española de Cambio Climático es
un documento de 45 páginas elaborado por Medio
Ambiente y los ministerios de Economía, Industria,
Agricultura, Presidencia, Fomento, Trabajo y
Vivienda, con casi dos centenares de propuestas
cuyo propósito último es recortar el consumo
de energía un 1% anual de aquí al 2020, sin
menoscabar el crecimiento económico y el bienestar
social de la población española.