FERMÍN APEZTEGUIA
La atmósfera de la Tierra es una capa tan frágil y delgada como la piel de una manzana». La acción del hombre la está despellejando a mordiscos, unos en forma de emisiones descontroladas de CO2 y otros como degradación del suelo, sobreexplotación y pérdida de la biodiversidad. El Premio Nobel de Química Mario Molina utilizó ayer este símil para advertir desde Bilbao a la comunidad científica internacional de los riesgos del aumento de la temperatura que está experimentando el planeta a causa de la ambición sin medida de la especie humana.
Todo tiene su precio. En el supuesto de que el mundo se quede de brazos cruzados, las posibilidades de que a finales de siglo los termómetros registren una subida media de cuatro o cinco grados se sitúan en el 90%. Curiosamente, ese aumento del calor puede llevar a la Humanidad a tener que enfrentarse a una nueva glaciación. Según advirtió el experto, el riesgo de que un manto de hielo cubra la tierra se sitúa en el 10%. «La situación es preocupante y lo digo no ya como científico, sino como ser humano».
Mario Molina ofreció ayer en el Palacio Euskalduna la conferencia magistral que abrió la cumbre internacional sobre cambio climático que reúne estos días en Bilbao a 500 expertos en materia de medio ambiente.
El mensaje que unos y otros, todos, trasladaron a la audiencia tuvo una doble vertiente. Es posible, según dijeron, que la temperatura media del planeta suba entre cuatro y cinco grados antes de fin de siglo y que las consecuencias de este hecho sean, en algunos casos, devastadoras. Pero también es posible contener el alcance del desastre.
El Nobel de Química del año 1995 explicó ante sus colegas que la Humanidad ha entrado ya en una era geológica llamada antropoceno, en la que la actividad del hombre preside el orden terrestre y condiciona cambios y extinciones. El clima ya no es el mismo que el mundo conoció hace sólo dos décadas. Han aumentado las mediciones de dióxido de carbono (CO2) en el aire, los periodos de sequía se han alargado y el número de inundaciones ha crecido sustancialmente. Un dato más: 2005, está demostrado, fue el año más caluroso del último milenio, pero los científicos están convencidos de que la Tierra soporta ya las temperaturas más altas de los últimos 10.000 años.
«No importa dónde se libera un gas contaminante porque afectará a todo el planeta», explicó el experto, que preside un centro de investigaciones medioambientales en México y es profesor también de la Universidad de San Diego, en California.
El científico explicó, en lo que llamó «el pulso del planeta», que un gas emitido en cualquier punto de Europa tarda aproximadamente un mes y medio en extenderse por todo el hemisferio Norte y que en un año ha envuelto el planeta. «Habida cuenta de que su permanencia en la atmósfera se calcula en un siglo, puede decirse que el punto de emisión es indiferente. El cambio -enfatizó- es global».