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Aralar descubre sus entrañas
Las cuevas de Mendukilo,
a un kilómetro de Astiz, se abrirán
al público a mediados de julio. Ofrecen
un espectacular paisaje de formaciones geológicas.
CRISTINA
AGUINAGA
Asegura el biólogo tolosarra Eneko Agirre
que el principal valor de las cuevas de Astiz
es el geológico, el trabajo de millones
de años que la naturaleza ha hecho en las
entrañas de la sierra de Aralar. Agirre
es el gerente de la empresa pública que
se creó en 2001 de la mano del consorcio
turístico Plazaola, los ayuntamientos navarros
de Larraun y Lekunberri y el concejo de Astiz
para gestionar la apertura al público de
este enclave subterráneo situado en el
valle de Larraun. Su objetivo es conseguir que
a partir del quince de julio pueda verse este
trabajo y las innumerables formaciones geológicas
de Aralar. Sumar a la riqueza del paisaje abierto
lo que ha permanecido encerrado durante años.
Los tesoros de Mendukilo, aunque ocultos bajo
tierra, no eran ajenos a los habitantes de Larraun.
No en vano, el nombre que finalmente se ha dado
a la cueva revela el destino que tuvo: establo
en el monte. Allí guarecían sus
rebaños de cabras. Lo hacían en
la gran boca de entrada, con espacio para 50 ejemplares.
Cierre en 1972
Aunque el proyecto de abrir Mendukilo es reciente,
su presencia era de sobra conocida. En 1972 la
Diputación foral llegó a ordenar
el cierre de la enorme cavidad abierta bajo la
sierra. Antes, uno de los técnicos de lo
que es hoy la sección de geología
y geotécnica del departamento de Obras
Públicas, Carlos Acaz, topografió
la cueva. El cierre acordado evitaba el paso de
los que entraban para espoliarla y para romper
las estalactitas y estalagmitas que el agua formó
durante miles de años.
Dos décadas después las cuevas
volvieron a adquirir protagonismo. De unos cursos
de turismo organizados por Cederna Garalur en
1996 surgió la idea de adecuarlas y abrirlas
con fines turísticos y completar así
la oferta de la comarca. Las administraciones
afectadas decidieron elaborar un estudio sobre
la viabilidad del proyecto, aunque los números
revelaban la dificultad del borrador, que requería,
según aquellos cálculos, una inversión
de 115 millones de pesetas.
El proyecto se paralizó hasta que en 2000
el departamento de Turismo del Gobierno foral
se sumó a la idea, junto a los de Medio
Ambiente y Obras Públicas. Así se
creó la empresa Cuevas de Astiz que gestiona
Agirre y así también se encargó
el proyecto de adecuación de las cuevas
a la empresa Macla Ingeniería. Hoy se considera
la iniciativa como una «excelente muestra
de la formación kárstica de la sierra
de Aralar» y se pretende impulsar como punto
de atracción turística de la zona
y un «referente del turismo de cuevas en
Navarra».
La idea de recuperar la cueva para el público
se cimentó desde el principio en sus buenas
comunicaciones, a través de la cercana
autovía, con San Sebastián y Pamplona.
Se sumaba, además, al ya conocidos santuario
de San Miguel de Aralar, la vía verde del
Plazaola, el robledal de Orgi en la Ultzama, la
ferrería de Betelu...
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