Bilbao despide el siglo XX
con un cambio de imagen
La apertura del museo Guggenheim
abre una nueva etapa para la capital vizcaína, que se
niega a estancarse en su pasado industrial
 |
MODERNIDAD.
El Guggenheim, reflejado en las aguas de la ría. |
Bilbao no podía haber terminado el siglo XX de
mejor forma. La capital vizcaína se ha convertido a lo
largo de la década de los años noventa en una de
las ciudades más importantes de nuestro país. Hacía
años que se venía hablando de un cambio de imagen
en la ciudad, pero no fue hasta mediados de 1991 con la restauración
de la Plaza Nueva del Casco Viejo bilbaíno, cuando comenzó
el verdadero 'cambio de imagen', una operación en la que
tuvieron importancia destacada organizaciones como Bilbao Metrópoli
30.
No obstante, tuvieron que pasar cuatro años para que
los vizcaínos celebrasen, por todo lo alto, la conclusión
de uno de los proyectos más largos y ambiciosos de la
historia de Bilbao: el metro. Veinticuatro años después
de que se crease la Comisión de Comunicaciones de Vizcaya
para estudiar el proyecto de ferrocarril metropolitano, el lehendakari
Ardanza inauguró el 11 de noviembre de 1995 el deseado
transporte subterráneo, obra de Norman Foster.
Desde ese momento, los cambios se sucedieron uno tras otro. Hasta
Bilbao se acercaron personajes internacionales del mundo del
celuloide, la política y la cultura que pasearon el nombre
de la ciudad por los cinco continentes. Y, el 'culpable' de esta
proyección internacional no es otro que el Museo Guggenheim.
La pinacoteca diseñada por Frank Gehry fue inaugurada
el 19 de octubre de 1997 y, desde entonces, ha albergado algunas
de las colecciones de arte más importantes del siglo.
En Bilbao comienza a percibirse cierto cosmopolitismo. La
apertura el 19 de febrero de 1999 del Palacio Euskalduna contribuyó,
si cabe, aún más a este lanzamiento internacional.
Por él pasarán, en apenas unos meses, importantes
artistas tanto del campo de la música clásica como
de la moderna.
Ahora, tras la remodelación del emblemático
Puente Colgante de Portugalete y el proyecto de construcción
del Museo Marítimo, que será una realidad el próximo
año, tan sólo queda que finalicen las obras del
proyecto de Abandoibarra. Bilbao habrá entrado así
en el siglo XXI.

Los Datos
1991: Restauración de la Plaza Nueva de el Casco
Viejo.
11 de noviembre de 1995: Inauguración del metro.
19 de octubre de 1997: El museo Guggenheim abre sus
puertas.
19 de febrero de 1999: Apertura del Palacio Euskalduna.

El Análisis
Enrique Portocarrero
Tras muchos años en los que la
imagen de Bilbao y el País Vasco estuvieron unidas indisolublemente
al llamado 'bloqueo endógeno', es decir, a una situación
de declive industrial motivada por la concentración y
obsolescencia de unos sectores industriales especialmente castigados
por las crisis económicas, en los años 90 esa misma
percepción interna y externa de una metrópoli hasta
enconces deprimida se vio alterada por diversos factores.
En primer lugar, no fue ajena al cambio
una variación en el ciclo económico que permitió
tanto la elaboración de planes de inversión pública,
como los resultados de unas políticas industriales que
de alguna forma posibilitaron una cierta diversificación
industrial hacia sectores más en consonancia con las demandas
del mercado. Pero junto a lo anterior, los verdaderos catalizadores
del cambio metropolitano de Bilbao y, por ende, de su imagen
externa, no fueron otros que la regeneración de espacios
urbanos y, sobre todo, las inversiones en infraestructuras culturales
y la aparición de una arquitectura de vanguardia que va
a quedar como ejemplo de voluntad transformadora.
Ni que decir tiene, evidentemente, la
importancia de un Guggenheim que operó como instrumento
fundamental de un cambio de imagen que, a su vez, posibilitó
la atracción turística, la generación de
múltiples sinergias económicas y sociales; el impulso
de un giro en los hábitos sociales con respecto al consumo
de ocio y cultura; la introducción de nuevas formas para
la gestión cultural y la génesis de una nueva sensibilidad
sobre la participación de la iniciativa privada en la
financiación de actividades de interés general.
El Euskalduna, el Metro de Foster, el
Puente de Calatrava, la nueva terminal de Sondika, la reforma
del Museo de Bellas Artes y muchas otras realizaciones más
son ejemplo de una revitalización urbana que, sin duda,
ha mejorado la condición competitiva de la propia metropoli
y, lo que es más importante, ha elevado la autoestima
de una sociedad que confía en una modernidad de próspera
convivencia, pacífica y democrática. Porque el
Bilbao de los 90 es un notable ejemplo de transformación
metropolitana, cuya constante adecuación a los requerimientos
sociales de los tiempos modernos deberá asentarse en un
marco político estable y en una plena ausencia de violencia.