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La URSS se desintegra y arden los Balcanes


Dos países clave en la historia europea en este siglo sufren procesos sangrientos de división

Un soldado norteamericano vigila el aeropuerto de Tirana, en pleno conflicto kosovar.
Tras la caída del Muro de Berlín y las reformas de los países del Este, llegó la desintegración de la URSS. El procesó fue largo y difícil, sobre todo por la oposición del sector más radical del Partido Comunista Ruso. El 19 de agosto de 1991, un día antes de la firma del Tratado de la Unión, impulsado por Gorbachov, que concedía más poder a las repúblicas soviéticas, un Comité de Emergencia del Partido Comunista puso en arresto domiciliario al presidente en su residencia de Crimea y decretaron el estado de excepción. Cientos de tanques tomaron el centro de Moscú, se censuraron los medios de comunicación y se prohibieron las manifestaciones.

La rápida reacción del pueblo y la resistencia política en torno a Boris Yeltsin ahogaron el golpe de estado. En la noche del 21 de agosto, unos 70 tanques intentaron penetrar en el Parlamento. Tres civiles murieron bajo los carros blindados. Finalmente, el jefe del KGB, Vladímir Kriuchkov, dio la orden de retirada.

El proceso de desintegración quedaba así abierto con Yeltsin como hombre fuerte en el gobierno. El 8 de diciembre, en la capital de Kazajstán, 11 de las 15 repúblicas soviéticas se unieron en la Comunidad de Estados Independientes (CEI) y disolvieron así la Unión Soviética. En los meses siguientes, se van uniendo el resto de repúblicas, excepto las bálticas y Georgia, inmersa en una guerra civil, que quedaron fuera de la CEI.

La Federación Rusa, como heredera de la URSS, ocupó su escaño en el Consejo de Seguridad de la ONU, y asumió la dirección de la CEI. Los jefes de Estado de la CEI acordaron establecer un mando militar supremo común. Yeltsin se hizo con el poder político del proceso y Gorbachov dimitió como presidente el 25 de diciembre de 1991. Una nueva época se abrió para Rusia y para los países del este. Para los países de la zona balcánica las consecuencias fueron dramáticas.

Nacionalismo serbio
En 1980, año en que murió el mariscal Tito, comenzó a gestarse la tragedia. Después de que Tito gobernara Yugoslavia ­un cóctel étnico que ha servido de caldo de cultivo a las dos guerras mundiales­ durante 40 años, resurgieron las reivindicaciones nacionalistas, encabezadas por Serbia. A principios de los 90 comenzó la guerra en entre serbios y bosnios. Las pretensiones imperialistas serbias fracasaron y Bosnia acabó convirtiendose en un protectorado internacional. Pero el problema seguía latente y en 1999 los serbios intentaron aniquilar el irredentismo albanokosovar por la fuerza. La OTAN intervino de nuevo y puso fin al conflicto. Sin embargo, los Balcanes siguen siendo el polvorín de Europa.

 

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