La Unión Europea se dota de
su propia moneda
El euro será la divisa
de los Quince, aunque de momento sólo participarán
en ella once países. El 1 de enero de 2002 comenzarán
a circular los primeros billetes y monedas, pero desde 1999 puede
usarse en anotaciones bancarias
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NUEVAS MONEDAS Y BILLETES.
Diseño de los nuevos euros, que tendrán elementos
idénticos en todos los países y otros serán
diferentes. |
Con el inicio de 1999, Europa estrenó moneda única
y, desde entonces, en España, una cifra se convirtió
en protagonista: 166,386, que es el valor del euro traducido
a pesetas. Para los ciudadanos no ha supuesto, de momento, ningún
cambio porque no sustituirá definitivamente a las diferentes
monedas nacionales hasta el año 2002.
Los gobernadores de los once bancos centrales fijaron los
tipos de cambio invariables, según la equivalencia de
cada moneda con respecto a la cotización del dólar
en marcos. Entre tanto, funcionarios de la Comisión Europea
calcularon en Bruselas el cambio de la antigua unidad de cuenta
europea (ecu) respecto al dólar.
La implantación del euro quedó ensombrecida
por la reanudación del debate sobre el tiempo que Wim
Duisenberg debería ocupar la presidencia del Banco Central
Europeo (BCE). Pese a que en la cumbre de la UE celebrada en
Bruselas se acordó que el holandés abandonara el
cargo a la mitad de su presidencia para dejar paso al francés
Jean Claude Trichet, Duisenberg se retractó y Francia
presentó su protesta.
En cualquier caso la llegada del euro era ya un hecho y suponía
el colofón a un largo proceso encaminado a impulsar la
nueva moneda. En mayo de 1998 los jefes de estado y de gobierno
de la UE habían dado definitivamente luz verde a la unión
económica y monetaria (UEM), lo que suponía la
introducción del euro. Alemania, Francia, Italia, Países
Bajos, Luxemburgo, España, Portugal, Irlanda, Austria
y Finlandia alcanzaron los criterios de convergencia, y sólo
Grecia fracasó. Por su parte, Gran Bretaña, Suecia
y Dinamarca se mantuvieron de momento al margen de la UEM.

Los Datos
Mayo de 1998: Los jefes de estado y de gobierno de
la UE aprueban la unión económica y monetaria.
1999: Europa estrenó monéda única.
Valor del euro traducido a pesetas: 166.386.
Año 2002: El euro sustituirá totalmente
a las monedas corrientes nacionales.

El Análisis
Ignacio Marco-Gardoqui
La instauración del euro, el
1 de enero de 1999, supuso un acontecimiento de la máxima
importancia, con el que se culmina el proceso de integración
económica en la UE. La andadura que se inició en
1952, con la creación de la Comunidad Europea del Carbón
y del Acero, ha atravesado por muy diversas vicisitudes. Recibió
un gran impulso con la aparición de la CEE en 1958, que
permitió la eliminación de las barreras tradicionales
que obstaculizaban el comercio entre los países comunitarios,
es decir los aranceles y los regímenes restrictivos de
las importaciones. Luego, una vez constatado que la inexistencia
de un mercado interior libre y potente suponía una rémora
competitiva para las empresas europeas, en 1993, se acometió
una segunda fase de integración basada en la eliminación
de las barreras técnicas, las de índole fiscal,
las administrativas, y las de acceso a los mercados públicos.
Con todo ello, se llegó a una
situación en el proceso de integración según
la cual, la única diferencia entre las operaciones comerciales
efectuadas dentro de las fronteras de un Estado y las transnacionales
radicaba en que en este segundo caso existían dos monedas
diferentes. El coste de transacción y la incertidumbre
de los cambios suponían dos frenos al desarrollo y dos
motivos claros de ineficiencia. Por eso, cuando se decide seguir
avanzando por el camino de la integración, nada más
lógico que eliminar las monedas nacionales y crear una
única para todos.
Esta es la historia, es decir el pasado.
Pero es evidente que el euro va a modificar radicalmente el futuro
de los usos financieros, las costumbres del ahorro y los comportamientos
de la inversión. Una moneda única, envuelta en
la libertad total de circulación de capitales, facilita
las uniones empresariales e induce un proceso de armonización
fiscal y legal, que ningún gobierno será capaz
de impedir. Si las empresas de países distintos unen sus
destinos como se ha hecho con las Bolsas y se hará
con las comunicaciones, la banca y la energía, las
legislaciones mercantiles y fiscales y las prácticas procesales
deberán ser también las mismas.
Es evidente que, si el diagnóstico
es certero y las cosas suceden así, será como consecuencia
de la existencia previa de un auténtico Gobierno europeo;
y también lo es que, junto con las leyes, será
necesario cambiar las mentalidades de los ciu- dadanos. Caminamos
hacia un nuevo orden económico que será gestionado
por estructuras políticas desconocidas. Prepararnos para
luchar en él es el reto del presente. Y el euro es el
responsable, pero también el cireneo que nos ayudará
a cumplir con tan sugerente singladura.