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| De entre cenizas |
| Ana Mochales |
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El
teatro que lleva el nombre del compositor, bautizado así
casi por aclamación popular, ha tenido una vida azarosa
Ha tenido que sortear incendios, inundaciones, guerras y restauraciones,
pero el más antiguo de los teatros que perviven en Bilbao
y el más duradero, es hoy una realidad consolidada una puerta
abierta a la Cultura con mayúsculas como deseaba su director
Luis Iturri.
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| RECUPERADO.
El Arriaga se refleja en la Ría. |
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En Vida y Milagros del Teatro Arriaga se describe minuciosamente
cómo el sábado 31 de mayo de 1890, a las 8 de la tarde,
el coliseo levantó por primera vez el telón con un
género que durante años dominó en su programación:
la ópera, en este caso La Gioconda de Amilcare
Ponchielli. Tenía que satisfacer las necesidades de aforo,
1.500 butacas, y las demandas de una pujante burguesía bilbaína
que había cultivado ya en el derruido Teatro de la Villa
el gusto por la zarzuela y la ópera, asistido al triunfo
de Julián Gayarre, escuchado los recitales poéticos
de José Zorrilla y aplaudido a los líricos italianos
del momento.
Sobre las notas de un Cuarteto de Juan Crisóstomo Arriaga
que despiden el viejo teatro de la Villa, el arquitecto Joaquín
Rucoba proyecta un suntuoso edificio de inspiración afrancesada
y estilo neobarroco que deslumbró en su inauguración,
en parte por las 600 lámparas eléctricas que sustituían
a la tradicional iluminación por gas. Un millón de
pesetas y una denominación oficial, Nuevo Teatro de Bilbao,
que acabó olvidada ante la adopción popular del nombre
de Teatro Arriaga contagiado por el de la plaza sobre la que se
asentaba.
En sus bajos, la Bolsa de Comercio de Bilbao, el Club Naútico
y el Colegio de corredores y, en el campo de las nuevas tecnologías,
la posibilidad de escuchar las funciones por teléfono (15
pesestas por cada ópera).
Etiqueta en la jornada inaugural y Meyerbeer, Donizetti, Bellini,
Wagner y Verdi, en el programa. Y a partir de ahí, todos
los géneros artísticos que precisaran de una escena
entraron a formar parte del programa del Arriaga, desde el teatro
de verso a los conciertos de clásica, los concursos populares
y, sobre todo, el teatro. Brillo, elegancia, capacidad y un centro
de reunión de los bilbaínos. Época de expansión
económica al hilo de la industrialización de la Ría
y en el teatro la presencia durante varias temporadas de la Compañía
de María Guerrero, los éxitos de los tenores Menchaca
y Florencio Constantino (el Lohengrin del Nervión)
y una oferta musical y teatral que ponía al Nuevo Teatro
a la altura del panorama cultural nacional .
Comedia, drama, género lírico y en 1899 el estreno
de la considerada primera ópera vasca Chanton Piperri
de Buenaventura Zapiraín Uribe. El cambio de siglo acoge
las sesiones del cinematógrafo, los conciertos de Pau Casals
y el pianista Malats y sainetes, comedias y zarzuelas que son seguidas
con fruición, en las galerías altas, por los mineros
y que ven a Margarita Xirgú interpretando a Electra. Bilbao
vive una efervescencia cultural (en 1914 abre el Círculo
de Bellas Artes y Ateneo de Bilbao) que el Teatro ve truncada cuando
ese mismo año, en vísperas de Navidad, un pavoroso
incendio arruinó el edificio.
Casi cinco años tardaría en volver a levantarse el
nuevo. Don Carlo de Verdi abrió la temporada
y así entró el Arriaga en los felices años
veinte al calor de una riqueza generada por la neutralidad española
en la Primera Guerra Mundial y con el triunfo de los géneros
ligeros, el sainete y la revista.
Son los años de María Xirgú y de las representaciones
de las obras de Lorca, Alberti, Jardiel Poncela, Max Aub
y
el inicio de un declive progresivo y un parón forzoso, el
de la Guerra Civil, aunque tras ella el Arriaga recupera su actividad
y su consideración de plaza de primera.
Los 50 años del Teatro se cumplen en plena postguerra y compitiendo
con la expansión de las salas de cine. En los 60 se escucha
la música ligera, a José Guardiola y Juanita Reina,
pero ya en 1978 se produce el cierre forzoso ante la precaria situación
del edificio, paradójicamente declarado, apenas un año
antes, monumento histórico-artístico. Las inundaciones
de 1983 complicaron una reconstrucción en manos ya de la
iniciativa pública, que quiso recuperar el carácter
y esplendor que lo habían caracterizado.
El 5 de diciembre de 1986, el Teatro vuelve a abrir sus puertas
y levanta el telón con un homenaje a Juan Crisóstomo
Arriaga. La Sinfónica de Bilbao interpreta la obertura de
Los esclavos felices, en un concierto en el que también
interviene el pianista Joaquín Achúcarro. En el programa
además está Guridi. Y en el concepto, un teatro versátil
y abierto, de vocación y proyección internacional.
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