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| ¿Ser artista
es causa de enfermedad y viceversa? |
| Javier Armentia |
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La
tuberculosis fue mal de bohemios, por pobres, en el pasado
Arriaga, con su muerte por tuberculosis a los 20 años, encaja
en ese estereotipo del artista enfermizo que muere pronto, y más
aún de la asociación de la vida bohemia con las privaciones
y la enfermedad. Encaja este mito en una especie de exagerada contraposición
entre lo espiritual y lo material, entre la creatividad de un alma
inquieta y la vida más anodina del común de los mortales,
que fue incluso reivindicada desde el Romanticismo como modelo de
vida. Pero, ¿qué hay de cierto en esto?
Comencemos, por ejemplo, por la tuberculosis, un mal que actualmente
sigue encabezando la lista de enfermedades infecciosas, con unos
dos millones de muertes al año, principalmente en países
pobres. Causada por el bacilo Mycobacterium tuberculosis,
se ha comprobado que ya nos acompañaba hace seis mil años.
Fue Robert Koch quien descubrió el agente infeccioso en 1882,
en una época en la que el crecimiento de las ciudades convirtió
en endémica esta enfermedad (a finales del XIX, una de cada
cuatro muertes en Londres se debía a la tuberculosis). Las
condiciones de insalubridad, frío y mala alimentación
favorecían el ataque del bacilo.
Las primeras vacunas desarrolladas en el primer decenio del siglo
XX, la mejora en la sanidad pública y las condiciones de
vida y, posteriormente, la aparición de los antibióticos,
hizo casi desaparecer la enfermedad del primer mundo, aunque su
carácter ubicuo le permite aprovechar circunstancias en las
que aparece como una enfermedad que ataca cuando aparecen otras
deficiencias inmunitarias, como sucede con los enfermos de sida.
Muertos célebres
No es casual que en las diferentes visitas que la gran ópera
hace de la vida bohemia, la heroína muera de tuberculosis
(Mimí en La Bohème, de Puccini; Violetta
en La Traviatta, de Verdi). Por otro lado, entre los
muertos célebres por tuberculosis encontramos,
aparte de a Arriaga, a músicos como Chopin, Paganini, Pergolesi
o Mozart; a escritores como Lord Byron, Anton Chejov, Paul Éluard,
Miguel Hernández, las dos hermanas Brontë, o Edgar Allan
Poe; o a pintores como Gauguin, Modigliani, Bartholdi...
En cierto modo, podemos establecer una conexión lógica,
que llegaría a ser causal, entre el modo de vida bohemio
y la tuberculosis: el artista, con su vida poco cuidadosa y llena
de privaciones (normalmente su éxito creativo no tiene que
ver con un éxito material) está en las condiciones
que favorecen el ataque bacteriano.
Así, más que una cuestión del genio artístico,
lo que tendríamos sería una enfermedad de pobres (como
es la tuberculosis), y personas que viven en esa pobreza, aunque
alcancen la notoriedad por sus creaciones artísticas. E igualmente
pasaría con otras enfermedades asociadas a veces con los
artistas y su vida desordenada, al igual que con cierta relación
entre alcoholismo y otras adicciones. Desde este punto de partida,
lo que mataba o enfermaba era más la pobreza...
Algunos autores han querido explorar más allá de esta
obvia relación, preguntándose si la creatividad tiene
relación con otras condiciones, como la enfermedad mental.
Diferentes análisis biográficos han puesto de manifiesto
que algunas psicopatologías como la depresión y el
trastorno bipolar se presentan en numerosos creadores literarios
y artísticos. A veces se comprueba que existe un componente
hereditario en esta propensión, porque familiares cercanos
de estos artistas también eran propensos a las enfermedades
mentales. Esto podría indicar la presencia de rasgos hereditarios
o cognitivos que tienen dentro de su rango de efectos la creatividad
y la enfermedad mental, como afirma Daniel Nettel, psicólogo
de la Universidad de Newcastle Upon Tyne (Reino Unido) en su libro
Imaginación Extrema: locura, creatividad y naturaleza
humana (Oxford University Press, 2001).
Esquizotipia
Es cierto que algunos pacientes psiquiátricos muestran una
capacidad por encima de la media en tests que miden la creatividad
o el pensamiento divergente. En diversos estudios se ha explorado
esta relación entre creatividad y tendencia a trastornos
psicopatológicos. En los últimos años, se han
realizado diversos análisis sobre esta relación, analizando
la esquizotipia, un concepto que reúne rasgos y síntomas
que se encuentran en la esquizofrenia, pero que establecen una especie
de dimensión de la personalidad de tipo gradual. La esquizotipia
se define en psiquiatría como un patrón general de
distorsiones cognitivas o perceptivas, de excentricidades del comportamiento
que afecta a las relaciones personales. Entre los rasgos que se
evalúan para su diagnóstico está la aparición
de ideas de referencia, de creencias raras o un pensamiento mágico
que influye en el comportamiento, de experiencias perceptivas inhabituales,
de pensamientos y lenguaje vagos, circunstanciales, metafóricos
o sobreelaborados; la suspicacia o ideación paranoide, una
afectividad inapropiada o restringida, la falta de amigos íntimos
o desconfianza aparte de los familiares de primer grado; una ansiedad
social excesiva, con comportamientos o apariencias raras, excéntricas;
la anhedonia, o incapacidad de disfrutar; un inconformismo
impulsivo.
Daniel Nettle ha publicado recientemente un estudio en el Journal
of Research in Personality en el que compara estos rasgos
esquizotípicos en un amplio grupo de poetas, artistas, matemáticos,
población general y pacientes psiquiátricos, concluyendo
que en efecto los poetas y los artistas, en general, tienen más
altos niveles de experiencias inusuales que el resto, similares
a los de los pacientes esquizofrénicos. Pero si bien comparten
esta tendencia a ideas y experiencias que se salen de lo habitual,
difieren en cuanto a búsqueda del placer. Por otro lados,
los matemáticos mostraban más tendencia al pensamiento
convergente y al autismo que los artistas, más cercanos al
pensamiento divergente y a los trastornos afectivos.
En esta línea de pensamiento, los psicólogos especulan
que la creatividad artística está emparentada con
la existencia de procesos mentales caóticos, no habituales.
Quizá, así, esta tendencia a la esquizotipia los acercaba
a conductas en las que esa vida bohemia les exponía más
fácilmente al bacilo de Koch.
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