Torero y aristócrata ante el altar
El 23 de octubre era uno de los
días más esperados por el torero Francisco Rivera
Ordóñez y Eugenia Martínez de Irujo ya que
tenían una cita en el altar de la Catedral de Sevilla.
Pero también era un gran día para la prensa del
corazón y para la ciudad andaluza, que volvía a
ser partícipe de las denominadas bodas del año.
La familia con más títulos de España
emparentaba con una de las sagas toreras con mayor raigambre.
La expectación creada alrededor de esta unión durante
varios meses movilizó a los medios de comunicación,
que realizaron un seguimiento especial. Mientras, fotógrafos
y cámaras de televisión se afanaban por recoger
la mejor instantánea del momento de cada uno de los 1.300
invitados, muchos de ellos presentes a diario en el papel couché.
El partió desde el hotel Colón y ella salió
del Palacio de Dueñas enfundada en un vestido de corte
medieval. La pareja optó por una ceremonia sencilla, de
corte clásico. Tras el sí quiero una multitud
de sevillanos, a ritmo de olés, les esperaba en los alrededores
de la catedral y también durante el recorrido que Francisco
Rivera y la hija menor de la duquesa de Alba realizaron hasta
llegar, en coche de mulas, a la Esperanza de Triana. En esta
iglesia, de tan tradicional barrio, los recién casados
cantaron la Salve Marinera.
El banquete en la finca La Pinaza sirvió para que surgieran
los comentarios sobre los vestidos que llevaban las consideradas
reinas del papel rosa, Mar Flores o Nati Abascal, entre
otras. Fue un final feliz para una boda de película.
