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PSOE: del 'efecto Borrell'...
... a la crisis interna

El triunfo de José Borrell en las elecciones primarias organizadas en abril por el PSOE para elegir a su candidato a la presidencia del Gobierno, fue el acontecimiento político del año. Contra todo pronóstico, las bases socialistas decidieron castigar al aparato del partido, cuyos dirigentes habían apoyado mayoritariamente al secretario general, Joaquín Almunia, que obtuvo el 45,2% de los votos.

Los afiliados vieron en Borrell a un verdadero líder capaz de acometer la renovación que quedó pendiente tras la marcha de Felipe González. La ilusión generada por la inesperada victoria del ex-ministro de Obras Públicas situó al PSOE dos puntos por encima del PP en intención de voto, según una encuesta que realizó el CIS un día después de los comicios. Este carisma del nuevo candidato, conocido como efecto Borrell, sembró una cierta preocupación en las filas populares, que en todo momento se mostraron reacias a convocar elecciones primarias para elegir a sus cabezas de cartel.

La segunda fase de los comicios internos socialistas se cerró el 27 de junio con la designación de 52 candidatos a la presidencia de siete comunidades, 43 ayuntamientos y Ceuta.

El sorprendente resultado de las primarias socialistas dejó en una posición muy delicada a Joaquín Almunia. Abrumado por la derrota, el secretario general puso su cargo a disposición del partido, pero la dirección le convenció para que continuara en él. Tras varias reuniones, Borrell y Almunia llegaron a un acuerdo que otorgó al primero el liderazgo parlamentario y la coordinación de las tareas de oposición, y al segundo la primacía política como secretario general. El PSOE se dotó así de una dirección bicéfala que no resolvió el problema de liderazgo existente, sumiendo al partido en una profunda crisis.

Mientras en el PP se frotaban las manos, las discrepancias entre ambos fueron subiendo de tono hasta el punto de llegar a lanzarse reproches mutuos en público. Ante el riesgo de que la crisis interna tuviera que resolverse en un congreso extraordinario, los presidentes autonómicos Chaves, Rodríguez Ibarra y Bono redactaron un acuerdo que fue ratificado por el comité federal. En virtud de este texto, Borrell asumió el liderazgo del partido ante la sociedad, la interlocución ante el Gobierno y los partidos, y la labor de portavoz de las propuestas socialistas. Por su parte, el secretario general conservó la dirección política. Ambos se comprometieron a no repetir nuevas discrepancias.


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