Una esperanza para Kosovo
El conflicto regional de la provincia serbia de Kosovo vivió
durante 1998 uno de sus momentos más difíciles.
El comienzo de los combates entre fuerzas serbias y el Ejército
de Liberación de Kosovo (UCK) provocó desde febrero
el éxodo de más de 250.000 albaneses de Kosovo.
El Presidente serbio Slobodan
Milosevic decretó el bloqueo alimenticio de la provincia
que habría provocado una auténtica masacre con
la llegada del invierno. Así, el 23 de septiembre, el
Consejo de Seguridad de la ONU exigió a Belgrado un alto
el fuego inmediato, la retirada de las fuerzas especiales, el
regreso de los refugiados y el comienzo de negociaciones con
el UCK. El propio secretario general de la ONU, Kofi Annan, afirmó
el 5 de octubre que la mayor parte de las atrocidades de Kosovo
las cometieron las fuerzas de seguridad serbias. El veto de Rusia
impidió que la ONU pudiese tomar medidas militares de
presión, pero la OTAN se mostró dispuesta a intervenir
en Kosovo si Milosevic no accedía a las peticiones de
la ONU.
El 13 de octubre, tras múltiples dificultades, el mediador
norteamericano Richard Holbrooke alcanzó un compromiso
con el presidente serbio y el ejército inició su
retirada de la zona bajo la supervisión de la OTAN. De
esta forma, comenzó el regreso de miles de refugiados
albaneses y el UCK aprovechó para volver a tomar las posiciones
perdidas durante el conflicto. Este enfrentamiento ha abierto
un debate en el seno de la organización atlántica
sobre la posibilidad de actuar sin mandato de la ONU.
