Nuevo ataque de EEUU a Irak
El tira y afloja que durante todo el año mantuvieron
las Naciones Unidas e Irak por las inspecciones para el desarme
de este país, fue zanjado por Estados Unidos con cuatro
días de intensos bombardeos sobre Bagdad.
El detonante fue el informe que
el jefe de los inspectores de la ONU, Richard Butler, presentó
ante la Comisión de Desarme. Butler denunció que
la labor de inspección seguía obstaculizándose
y que era imposible determinar si el régimen de Sadam
Hussein estaba en posesión o no de armamento de destrucción
masiva. Veinticuatro horas después, la Casa Blanca puso
en marcha la operación Zorro del Desierto, sustentada
en ataques con misiles Tomahawk y aviones de combate norteamericanos
y británicos.
El objetivo era destruir los centros donde, supuestamente,
se estaban fabricando armas. A pesar de ello, el ingente material
bélico empleado, superior al de la guerra del Golfo, causó
serios daños en industrias, depósitos de alimentos
e, incluso, hospitales. Además, decenas de civiles murieron
durante los ataques. Tras cuatro noches de unos bombardeos que
no obtuvieron el apoyo unánime de la comunidad internacional,
EEUU y el Reino Unido anunciaron el final de la operación,
aunque advirtieron que se reservan el derecho a intervenir si
lo consideran necesario.
Por su parte, el papel de la ONU quedó seriamente dañado
por la decisión de Clinton de iniciar el ataque sin el
consentimiento expreso del Consejo de Seguridad.
