Más sombras que luces
La actualidad internacional durante 1998 confirmó la
profunda crisis que atraviesa el Planeta. Las escasas luces que
arrojan algo de optimismo al panorama mundial procedieron del
Acuerdo de Pascua que, pese a las dificultades con las
que discurre, parece encaminado a proporcionar una paz duradera
a los habitantes del Ulster.
Este año será recordado
por los huracanes Mitch y George, que arrasaron
buena parte de Latinoamérica, dejando tras de sí
una estela de muerte y destrucción, así como serias
dudas acerca del riesgo de futuras catástrofes naturales
similares si no se frena el calentamiento de la Tierra.
Otros muertos, aunque esta vez provocados por la mano del
hombre, quedaron esparcidos por Irak
-castigada de nuevo por EEUU con intensos bomardeos por su negativa
a facilitar el control de la ONU sobre su armamento- Argelia,
Kosovo, donde el presidente yugoslavo
Milosevic ensayó la limpieza étnica que tan buen
resultado le dio en Bosnia; Rusia,
un país en el que los enfrentamientos armados en el Caucaso
se dan la mano con la crisis económica y la incapacidad
para gobernar que muestra un Borís Yeltsin cada día
más enfermo.
En Cuba, el viaje del Papa logró
que Fidel Castro dejara en libertad a más de 200 presos
políticos, un lavado de cara efectivo que reportó
al régimen castrista la normalización de relaciones
con España. Mientras Cuba recuperaba crédito internacional,
el presidente de su enemigo número uno, Estados Unidos,
vivió un auténtico calvario por las relaciones
impropias que reconoció haber mantenido con la becaria
de la Casa Blanca Monica Lewinsky. Durante todo el año,
el país vivió a ritmo de escándalo el aluvión
de revelaciones, detalles escabrosos y precisiones casi pornográficas
que quedaron compiladas en el informe del fiscal Kenneth Starr.
El intento de tapar el asunto llevó a Clinton a cometer
perjurio y a tratar de obstruir la investigación judicial,
por lo que la Cámara de Representantes propuso su destitución.
En un ámbito más cercano, la Unión Europea
se deslizó todavía más hacia la socialdemocracia
tras el triunfo de Gerhard Schroeder
en las elecciones alemanas. Es la denominada tercera vía
que, según uno de sus máximos representantes, Tony
Blair, ha abierto una nueva era en el viejo continente.