Sabor agridulce
En el mundo de la cultura se degustaron
muchos sabores a lo largo de 1998. Tristezas y alegrías
compartieron protagonismo durante doce meses. El luto llegó
tras la desaparición de Octavio Paz, Frank Sinatra, Luis
Iturri o Gloria Fuertes. A México, se unió el resto
del mundo intelectual en su último homenaje al escritor
latinoamericano. La Voz enmudeció a su manera. El Arriaga
vistió el escenario de luto por la desaparición
del director que le llevó a la elite cultural. Además,
en el recuerdo de niños y también adultos, permanecerán
los versos de Gloria Fuertes, la poetisa de los peques.
El síntoma de alegría accedió con el
reconocimiento a autores como Saramago
o José Hierro. También
los Premios Príncipes de Asturias se sumaron a los halagos.
Rigoberta Menchú, Emma Bonino estuvieron entre las galardonadas
por su excelente apoyo en favor de los derechos humanos y también
de los derechos de las mujeres. Lázaro
Carreter se tomó un respiro al frente de la Real Academia
para dedicar más tiempo a su propia pluma.
En un año plagado de nombres importantes Luciano Pavarotti
se sumó a los acontecimientos del centenario del Athletic
con un recital de lujo en San Mamés. Menos éxito
tuvieron los Rolling Stones cuyo paso por la capital vizcaína
fue efímero. Dejaron a sus fans con la miel en los labios
y el rock del mítico grupo quedó para momentos
mejores. La garganta de Jagger falló a última hora.
Dos colosos batieron récords de todo tipo. El Titanic
de James Cameron y el Museo Guggenheim
Bilbao de Frank Gehry formaron una pareja de grandes marcas.
El trasatlántico navegó a toda máquina por
los cines de todo el mundo. Ningún iceberg se puso en
su camino y los once Oscar de la academia de Hollywood que le
acompañaban hicieron un crucero que aún perdura.
Para el museo bilbaíno 1998 será un año
para recordar, inolvidable. Se convirtió en reclamo turístico
y de grandes acontecimientos, pero, sobre todo, fue una imagen
de lujo del País Vasco en el exterior. Superó sus
mejores previsiones y se aseguró el ornamento para entrar
en el nuevo milenio con buen pie al igual que el Museo
del Prado.