A flote y acaparador de Oscar
Titanic, la
película más cara de la historia del cine, costó
200 millones de dólares (unos 30.000 millones de pesetas)
obtuvo 11 Oscars e igualó el récord que ostentaba
la mítica Ben Hur desde 1960. El trasatlántico
más famoso del mundo no sólo arrasó en la
entrega de los premios, a la que acudió con la vitola
de gran favorito en todas las apuestas, sino que también
lo hizo en taquilla.
James Cameron sacó a flote un presupuesto enorme para
llevar a la gran pantalla una creación caprichosa. En
el primer fin de semana de exhibición en los cines norteamericanos,
el Titanic navegó a toda máquina y recaudó
más de 4.000 millones de pesetas. Cameron abrumado por
tanto éxito exclamó "soy el rey del mundo",
cuando recogió el Oscar al Mejor Director. Las mismas
palabras que el protagonista de la película Leonardo DiCaprio
le grita al océano desde la proa del barco.
Titanic no encontró ningún iceberg que
le pudiera hacer sombra y fue batiendo marcas, de recaudación,
de número de espectadores y de permanencia en las carteleras.
Se convirtió en el principal reclamo de la industria de
Hollywood, que hizo del Titanic su mejor abanderado. Un
éxito dedicado por Cameron a las 1.500 personas que murieron
en el naufragio del trasatlántico más grande del
mundo.
