Sigue, 25 años después, al frente de una de las bandas imprescindibles del rock español. Es Julián Hernández. Aúncanta ‘Bailaré sobre tutumba’,‘Matar hippies en las Cíes’, ‘Cuánta puta y yo qué viejo’ y, claro, ‘Miña terra galega’, aunque naciera en Madrid. Siniestro llega a Bilbao con la gira ‘Que parezca un acidente’. Por si acaso, ellos ya están asegurados.
–Ha ido de siniestro toda la vida, y ahí sigue: vivito y como líder de la banda.
–Líder de pacotilla, porque no me hacen ni puto caso. Yo lo intento todo, pero nada. Me tienen de mascarón de proa más que de líder.
–¿Qué aseguradora firmó su póliza?
–Ja, ja. Ni me acuerdo. (El grupo cogió su nombre después de sufrir un accidente de coche). Salimos escupiendo sangre, pero conseguimos sobrevivir. Estoy convencido de que nos matamos ese día y que vivimos una especie de ilusión en medio de un estado de coma en el hospital.
–En contra de la leyenda, ¿los rockeros acaban también en el hoyo?
–Como ya nos matamos, envejecemos, que es algo relativamente sencillo. Con dejar pasar el tiempo, ya está.
–¿Sobre la tumba de quién bailarían?
–Sobre la de todo el género humano, que está empezando a pasarse de tiempo en este planeta.
–¿A qué ritmo?
–¡Al de un aurresku! Algo así como ‘bienvenidos al más allá’.
–¿Con que canción habrían amenizado la boda de la biznieta de Franco en el Pazo de Meirás?
–Ja, ja. Teníamos una que se llamaba‘ El regreso del hijo delzombiPaco’. Lo del Pazo de Meirás es...
–¿Existe o es algo fantasmagórico?
–Existe y, además, vivo en el pueblo de al lado. Se hicieron con un chiringuito de mil demonios a base de expropiaciones forzosas pagando una peseta. No entiendo los problemas legales para recuperarlo. Con decir, ‘¡venga, fuera de aquí!’Ya está.
–¿La ironía es su sistema operativo?
–El humor negro y el sarcasmo puro y duro nos salvan de muchas cosas.
–¿La nostalgia no entra en juego?
–No. Sólo te agarrota. Es un sentimiento reaccionario y paralizante. No nos podemos permitir ese lujo.
–Con sus sempiternas gafas oscuras, ¿qué nos oculta Julián?
–Tampoco las llevo siempre. Son los míos unos ojos hipermétropes, con bastante estrabismo y no muy allá. En fin, es lo que hay.
–¿Cómo ve con ellos el futuro?
–Ya me gustaría ver algo. ¡Tengo un montón de dioptrías! Quizáme compre una bola de cristal más grande para atisbar por dónde irán los tiros. Me temo que va a habe rmuchos. Estamos condenados para siempre.
–¿Con qué ‘bloques’ se identifica un gallego en plena crisis del ladrillo?
–Ja, ja. ¿Qué bloques? Está bien eso. Supongo que serían las piedras de la catedral de Santiago.Más que con bloques y ladrillos, nos identificamos con la pedrada.
–Gallego nacido en Madrid, ¿a usted le mueve el chotis?
–(Risas). Soy poco madrileño en ese sentido. Nací en el exilio por casualidad y al mes estaba enVigo.
–¿Le quedó algo de esperanza?
–Francamente, bastante poca.
–Qué fue antes en Galicia, ¿la lluvia o el pulpo?
–Fue simultáneo. Empezó a llover y cayeron pulpos. Galicia es excentricidad en estado puro. Y los gallegos dijimos: ‘Lo mejor es comérselos porque es un maná que viene del cielo’. La alimentación del gallego es una cosa extraña. Sin el pulpo, no sobreviviríamos demasiado tiempo.
–¿Tiene más de popular, democrático o científico, como reza uno de sus discos?
–Ja, ja. Al vivir en un mundo casi irreal no nos queda más remedio que permanecer asombrados y atónitos.
–¿Julián bordea la esquizofrenia?
–¡Buena pregunta! No me la han diagnosticado. Funciono a base de brotes esquizoides y disocio la realidad sin llegar a lo patológicamente grave.
–Compositor, ¿considera aún a sus compañeros de banda unos vagos?
–Lo son. Me han tomado por el pito del sereno y me tienen escribiendo.
–Como en toda empresa, ¿en Siniestro Total manda el dinero o el corazón?
–Manda el hígado y el páncreas porque no somos, precisamente,un grupo que haya amasado tremendas fortunas. Vivir de ello nos parece una tremenda suerte y la libertad es cara.
–Pese a que tocaban en los Salesianos en Vigo, ¿sigue creyendo que todas las religiones son malévolas?
–Pues es verdad, ¡qué contradicción! No sé por qué pero en el sur de Europa todos somos católicos. Por negación o por afirmación. Es tremendo. Hay un montón de canciones nuestras que hablan de religión. Estamos preocupados. A lo mejor, cualquier día caemos del caballo, vemos la luz y... ¡vete tú a saber! Sería terrorífico.
–Y Santiago y el botafumeiro andan cerca, impregnándolo todo.
–Por eso, hay que tener cuidado con Santiago, no vaya a ser el demonio.
–Columnista de periódicos y escritor, ¿que opinión tiene de sí mismo?
–¡Bufff! Bastante mala.
–¿Escribe al dictado?
–Ja, ja. Al dictado de las voces interiores que empiezan a surgir y me dicen cositas.Todos escribimos al dictado de lo que acumulamos en el disco duro y luego se regurgita.
–¿Su pluma es igual de deslenguada que su labia?
–Mido bien para no meter la pata.
–‘Todos los ahorcadosmueren empalmados’, ‘Me pica un huevo’... ¿Componían en la consulta del urólogo?
–Éramos muy genitales, ahora menos. Era algo freudiano.Una especie de envidia de pene, más que nada.
–A medida que cumple años, ¿va viendo más putas o más viejos?
–(Risas).Ya no decimos ‘Cuánta puta y yo qué viejo’ sino ‘Cuánto viejo y yo qué puta’. Nos miramos al espejo y somos bastante putas y viejos.Ha pasado a ser una canción más autobiográfica de lo que pensamos.
–¿Por qué ‘Matar hippies en las Cíes’ cuando donde abundan es en Ibiza?
–Porque éramos deVigo y nunca habíamos estado en Ibiza. En Cíes había algúnhippie, perohabíamuchas más gaviotas y especímenes extraños, como turistas y cosas así.
–¿Un gallego cuando mira al cielo ve más palomas o gaviotas?
–Vivimos un momento hitchcockiano con invasión de palomas y gaviotas en las urbes gallegas. Son bichos peligrosos que atacan a los niños por la calle cuando les ven con sus bocadillos. Los pajaros se los meriendan.