Con esa mirada felina –¿le quedaría de cantar tanto lo de ‘Mi gato’?– y sus estilizadas piernas, Rosario desgranará en Bilbao versiones de canciones que han marcado su vida. Algunas las escuchaba en el chalé más rumboso de España –El Lerele– en madrugadas interminables junto a su clan: la inolvidable Lola Flores, su padre El Pescaílla, Lolita y su recordado Antonio.
–Criada entre flores y pescaíllas, ¿a qué huele Rosario? –A flores. Me gustan mucho. –¿Cuáles? –¡Todas!Adoro el jazmín, la buganvilla... ¡Flores de Andalucía! –Con perfume propio, ¿qué aroma desprende su alma? –A buena gente y amor. Y mi fragancia ‘Alma’, a la fuerza del rosario. –A su madre se le caía la baba con usted, pero Rosario ¿fue ‘niña de papá’? –No, no. Fuimos niños de papá y de mamá. Los tres éramos iguales. Mis padres nos querían a los tres igual, no hubo privilegios para ninguno. –«Educada como una señorita en buenos colegios», ¿qué es lo mejor que ha aprendido? –¿De los colegios o de mi casa? –De la vida en general. –Doy gracias por tocarme la familia que me tocó. Del amor que tuve en casa, de los abrazos, de la libertad... Ese cariño y amor me han servido para defenderme en la vida. –Nariz prominente, estrecha de cara, cuello largo... Peculiar donde las haya, pero atractiva hasta... –Eso dicen. Yo no lo sé. Ja, ja. –¿Su arte nació de su ombligo? –Yo fui la primera que enseñé el ombligo hace ya muchísimos años, y luego ya vinieron todas detrás. Fui la pionera del ombligo. Era como me vestía en aquella época. Marqué un estilillo, ¿no? –¿Lo ha convertido en el mapa de su cuerpo? –Bueno, el ombligo ya está un poco... No es el que era porque he tenido dos hijos y las mujeres sabrán de lo que hablo, pero aún se mantiene. –¿Con tanto movimiento no teme desgastarse antes de tiempo? –Pues no. Absorbo la energía que desprende la gente en mis conciertos. De gira es como mejor estoy. –«Ahora me siento como un león». Uy, uy, uy. ¿Qué pensará su gato? –(Risas). Aunque tengo más edad, me siento muy joven aún y con mucha energía y cosas que contar. –Decía la canción ‘El felino hacía uy, uy, uy.... cuando la noche terminaba y su cuerpo empieza a tiritar’. ¿A esas horas qué hace Rosario? –La noche siempre invita a inspirarse, componer y a estar con músicos. Los artistas somos muy de noche, pero también me gusta mucho para descansar. Sobre todo, si tengo hijos pequeños, como los tengo, no queda otro remedio. –Como buena gitana, ¿hace muchos pucheros? –Pues no. Tengo la suerte de que me los hacen, muchos y cargados de amor, cuando llego de trabajar. Yo no tengo tiempo.
–¿No está a falta de más de uno? –Siempre he sido muy delgadita y por muchos que coma nunca me van a ver gordita. –Si sigue perdiendo dos kilos en cada concierto, ¿acabará convertida otra vez en Rosariyo? –Nunca he sido Rosariyo. Así que difícil. Siempre he sido Rosario en mi casa. Eso (Rosariyo) me lo pusieron las revistas del corazón. –¿Hace muchos pucheritos? –Como todos. Si no, no tendríamos corazón. ¡Soy un ser humano! –Torera en ‘Hable con ella’ de Almodóvar, ¿va por la vida con los principios bien puestos? –Hice de torera de mentiras porque ser torero en la vida es muy difícil. Y para eso, los hay que tener muy bien puestos, y yo no los tengo. Ni siquiera los llevo, o sea, que fíjese. –¿Entra al trapo fácilmente? –No. Para nada. Ja, ja. –¿Prefiere cambiar de tercio? –No. Simplemente, que soy muy mía para mis cosas. –«Espero llegar a los 70 al menos atractiva». ¿Cómo se lo montará? –Ja, ja. El atractivo no está en el físico. Hay gente muy bonita por fuera que los conoces y se caen de aburridos, y gente muy fea de la que te enamoras. –«Tengo mejor cabeza que a los 30». ¿Se ha hecho algún lifting cerebral? –El lifting te lo va haciendo el tiempo. Hijo, es un lifting natural, de año en año. –¿Cómo lleva los años? –De momento, bien. Cuando me sienta más mayor, te lo diré. –Famosa desde nacimiento, ¿por qué arrastró la fama de antipática? –Ocurrió cuando se ‘fueron’ mi madre y mi hermano. La prensa nos acosaba mucho y yo estaba muy rebelde. Estaba en un ‘shock’ y me peleaba mucho con los periodistas. No era antipática, sino rebelde. Quería que me respetasen por mi arte y que no me confundieran con ... –Con ‘Parte de mí’, su disco de versiones –Nino Bravo, Camilo Sesto y su hermano Antonio, entre otros– vuelve a arrasar en las listas de ventas. –No pensé que iba a tener tanto éxito. Dicen que segundas partes nunca fueron buenas y son canciones muy escuchadas por todos. Así que miro al cielo y doy muchas gracias. –¿Como cuando sale al escenario? –Cuando salgo, miro al cielo, me santiguo y pido fuerza a mis ángeles. –Con línea de ropa propia y bisutería, ¿se diseña también su vida? –Siempre he sido un poco especial a la hora de elegir la ropa. –¿La vida cómo se la arregla? –Con mucho amor y alegría. Amo la vida y hay que quererla mucho. –¿Y le queda guapa? –Intento que sea bonita. Hay vidas muy duras y los que tenemos más suerte debemos ser agradecidos. –Diseñando, ¿piensa más como empresaria o como artista? –Yo no tengo nada de empresaria. Soy como me criaron. Crecí en una familia de arte e inspiración. –¿La inspiración le llega cuando no se lo piensa? –La música es así. Si me pongo a pensar que voy a hacer tal o cual canción, me cuesta mucho más. –Pues no piense. –Cuando estoy libre de pensamiento las cosas me fluyen más fácil. –Ahora que triunfa con el bolero ‘Algo contigo’, ¿se lamenta de haber perdido alguna ocasión? –¡Humm! No hay nada así que me haya perdido que... Bueno, a lo mejor me hubiera gustado tener más hijos, pero estoy orgullosa de mis fallos y logros. De todo he aprendido. –¿El bolero es la mejor mentira? –No. Los boleros son canciones de mucho sentimiento que se cantan con mucha verdad. Si no, se nota. –¿Usted ha engañado mucho? –No. A mí se me nota enseguida.