El mayor espectáculo de La Blanca no está en Dato, ni en la Virgen Blanca. Tampoco en la plaza España. Ni siquiera en Fueros. Para gozarlo hay que mirar arriba, al cielo. Al menos, así lo consideran los vitorianos que, año tras año, demuestran su enganche con los fuegos artificiales. Pese a que algunos días las nubes bajas se interpusieron entre los destellos luminosos y la abarrotada atalaya en la que se convierte el monte de la tortilla a partir de las once de la noche, el Ayuntamiento calcula que cerca de 280.000 personas estiraron el cuello y homenajearon a la vocal redonda.
Este número de asistentes supera el obtenido el año pasado -entonces se concretó en 270.000- y, con creces, cualquier otra actividad que engrose el programa de las fiestas de Vitoria. En esta ocasión, las apuestas de las empresas pirotécnicas llegaron desde diversos puntos de la geografía nacional -Castellón, la debutante, León, Valencia y Galicia, para cerrar- y de la extranjera. En concreto, la aportación internacional viajó desde Italia e Inglaterra. Otro rincón que en poco tiempo ha logrado fidelizar a un importante grupo de ciudadanos es el zoco árabe.
En esta ocasión, el exotismo que envuelve el mundo islámico estrenó latitudes. Introducido como novedad en La Blanca de 2006, las jaimas dejaron esta vez el pequeño y remozado espacio que se localiza frente a la Plaza de Abastos para dar color a la fría plaza Juan de Ayala. Según valoró ayer la directora de Cultura, Inma Sánchez, la mudanza ha sido satisfactoria. «El zoco ha ganado en amplitud, lo que ha permitido incluir más puestos. Creemos que el cambio ha sido acertado y, por tanto, repetirá ubicación el próximo año», adelantó la funcionaria.
Los datos ofrecidos por el equipo municipal de gobierno sitúan en alrededor de 34.000 las personas que se dejaron seducir por la gastronomía, la artesanía y el folklore de la cultura árabe. En la anterior edición de La Blanca la asistencia fue similar. Risas en Amárica El rincón del humor ha contado con propuestas variadas, que han dado un resultado «fantástico, todos los días», describió Sánchez, que reconoció que «el último era en euskera, y bajó el número de público», con Bota Patsa. No obstante, la técnica municipal valoró que la actuación estuvo «muy bien». Alex Barredo, Berto, Gurutze Beitia y Gorka Aginagalde o el dúo Tangorditos han contado con una infraestructura mejorada y un sonido de mayor calidad. Esto se ha traducido en una mejor respuesta de audiencia, con 8.500 personas frente a las 6.000 que llenaron el recinto de carcajadas hace un año.