Fiesta, farra, juerga, jarana, parranda, cachondeo... Usted mismo. El paseíllo de los blusas hacia la plaza de toros no defraudó. Y van... Se atisbaba lluvia, pero la amenaza no pasó del casi porque si algo reinó en la tarde de ayer en Vitoria fue el calor. Vaya, que Lorenzo no consiguió ganarle la partida a Santiago. Como en toda tarde taurina que se precie, hubo sol, hubo sombra, pero sobre todo, infinidad de 'sol y sombras', acompañados, cómo no, de la inseparable faria. La sobremesa es sagrada y en días como el de ayer, la duda ofende. También hubo pacharán, kalimotxo, litronas... En fin, sigamos con el paseíllo.
Empezó puntual, a las cinco, bajo un sol de justicia -se alcanzaron los 30 grados- y una calle Dato abarrotada de público. La presencia de blusas también fue digna de mención. Pasadas las cuatro y media de la tarde, encontrar un mesa libre en una de los muchas terrazas que jalonaban el paseíllo era misión imposible. «Hemos venido a tomar el cafecito a las tres y media para coger sitio. Nunca nos lo perdemos. La verdad es que es una de las cosas más divertidas», explicaba Luis, vitoriano ya jubilado que departía jovial con otros dos matrimonios.
Los Desiguales rompieron el fuego, le siguieron Luken, Los Bainas, Batasuna... y así hasta que Martinikos y Hegotarrak, después de ver desfilar a otra veintena de cuadrillas, cerraron la 'pasarela Dato' cinco minutos antes de las seis. Hubo quien fue a los toros, como Josu o Miguel Ángel, de los blusas veteranos, o quienes apostaron por seguir deambulando por Vitoria, katxi en mano e intentando buscar el significado de la línea recta, como Iker, Koldo y Joseba, una fusión intercuadrillas que llevaban «una trompa como un general». «Haznos una foto», repetían hasta la saciedad.
Porque aunque el acto se llame 'paseíllo a los toros', no todos acudieron a la plaza. Este año, sin embargo, más de 300 -una cifra más que considerable- acudieron a la primera de abono de la Feria de La Blanca. Con pretensiones diferentes, eso sí. Porque mientras los unos iban a «merendar y seguir bebiendo», las unas acudían a ver en persona «lo bueno que está Fran Rivera», como Aiztbiber y Jaione, dos jóvenes de Vitoria que de toros entienden «más bien poco».
Los complementos estrella de la temporada verano 2008 fueron las pistolas de agua, los balones gigantes o las máscaras de los guerreros de 'pressing catch'. Hubo quien llevaba incluso un ventilador eléctrico colgado del hombro. «Estoy enchufao», repetía. No era el único.