Las «turbulencias económicas» que decía Zapatero hasta ¿hace cuatro días? no sólo han dejado los ladrillos tiesos. Resulta que la «desaceleración», que decía Solbes hasta ¿hace cuatro días?, ya no es tal. Que la crisis es real. Y que, ¡oh!, en días como el de ayer, a hosteleros, globeros, ajeros -sigan poniendo 'eros'- la contención les hace pupa. Porque Santiago, señores, también se ha apretado el cinturón. Y de qué manera.
Son las once de la mañana. El termómetro ayuda con sus precisos 23,5 grados y el poder de los ajos mantiene La Cuesta como santuario de peregrinación. En la esquina del Banco de España, una charanga rasga los oídos. Pero no, no anima a rascarse el bolsillo. «Venga, anímate. 15 euros la ristra grande y 12 la pequeña. De Corella, de calidad». Raquel Hernández proclama su producto a voz en grito con la técnica de los feriantes de toda la vida. Aun a riesgo de desgañitarse más que de costumbre. Porque «antes -se presta a explicar- la gente venía a primera hora y nos los quitaban de las manos. Hoy, preguntan, se van, vuelven y, compran lo más barato, aunque el ajo esté sucio o sea de peor calidad. Nadie está para derrochar».
Por más que las interminables hileras de globos y de puestos de venta ambulante que se suceden por el corredor 'Virgen Blanca-Postas-Dato' se empeñen en despertar el capricho de los más pequeños. Pero, de nuevo, la crisis. «Los padres -admite un resignado Pascual Pandurro- ni se arriman para evitar que a los críos se les antoje algo. Pides dos euros por una trompeta y la gente sale corriendo». Y sin trompeta.
Es mediodía y para esa hora el centro está en plena ebullición. Recién terminadas las vaquillas y la carrera de burros -que 'Presi' ganó tras una magistral escapada en solitario-, la fiesta toma la calle. En Dato, una interminable hilera de terrazas 'cose' la calle desde Postas hasta Renfe. Y los blusas empiezan a dejarse sentir. Es la hora del vermú y el gentío forma ya un ramillete de afluentes que vierten su agua a un río cada vez más caudaloso.
El que discurre por Postas, Dato y San Prudencio y por las plazas de España y de la Virgen Blanca. Para esa hora, cerca de la una, encontrar un velador libre invita al juego de las sillas. ¿Quién dijo crisis? «Una cosa es que las terrazas estén llenas y otra que la gente consuma como antes. O que se pasen tres horas a la sombra por el módico precio de una Coca Cola a medias. Y eso los que consumen porque en Vitoria somos todos del 'PP'». ¿? «De paseo y pa' casa». Palabra de hostelero.
Comida y turno de tarde. La comitiva de 1.900 blusas parcelada en 23 cuadrillas volvía a hacer junta el desfile hasta la plaza de toros ocho años después. Todo un éxito. Puntualidad en la salida, lleno absoluto en las calles y rapidez en la ejecución. El calor, eso sí, aprieta. Y saciar la sed a sorbos de vodka, ron o ginebra tiene su precio. Y más de uno termina pagando.
Porque, antes de que El Cordobés se llevara la primera oreja de la tarde -Francisco Rivera y El Fandi también recibieron sendos trofeos- el alcohol ya había hecho mella. Y, si no, al quite: blusa treintañero, espalda apoyada en una fachada de la calle Florida, camisa empapada en kalimotxo y cabeza oculta entre las rodillas. Ayer fue viernes. Hoy, sábado. Y quedan dos días por delante para pasar la resaca. Siete más, nueve, para La Blanca. Y, visto lo visto, todo está a punto... ¿salvo el bolsillo?