La autora y productora Elise Varela, con cuya producción de ‘Silencio... vivimos’ se dio por inaugurado el Teatro Fígaro-Adolfo Marsillach -el genial director y dramaturgo con cuya hija, Blanca, está asociada para dirigir la programación de este escenario-, quiso en esta pieza arle una vuelta al tema de la crisis de los 40, pero esta vez desde la visión de una mujer. Hilary, la protagonista a la que da voz la actriz Blanca Marsillach, tiene mucho éxito en lo profesional, pero que se siente atrofiada. Se pregunta si no habrá otra manera de vivir, mejor, diferente, y ahí empieza un proceso en el que sale a la luz su ego y autodemonio Wilpuck, dispuesto a decirle lo que tiene que hacer. El ser es más que irritante, pero seguro que ella sabrá cómo ponerlo en su lugar.
Hilary tiene que enfrentarse a sí misma para encontrar su camino, y lo hará con sentido del humor, pues la obra, lejos de ser un dramón, es un comedia retorcida y muy ácida en la que hasta la caracterización de los personajes ayuda al espectador a reírse de todo. Junto a Blanca Marsillach ocupan al escena dos actores curtidos básicamente en el teatro, dirigidos por Esteve Ferrer, del que últimamente hemos visto por aquí la ‘Pareja abierta’ de Dario Fo.
Blanca Marsillach lleva años poniendo en marcha obras que ella quiere hacer, que le remueven las tripas. Quiere compartirlas con el público. En los últimos meses ha traído a Euskadi dos, ‘Pareja abierta’ y ‘Silencio... vivimos’ -una recuperación del estilo y los textos de su padre, en manos de Varela- y ha montado también la hasta ahora desconocida por estos lares ‘El reino de la tierra’, de Tennesse Williams. Desde luego, ah heredado de su padre el amor por el teatro, sea en el papel que sea.