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RUTAS
DE MONTAÑA
El vértice de ANAYET
FERNANDO J. PÉREZ
El Anayet es uno de los dosmiles emblemáticos del Pirineo
oscense, tanto por su accesibilidad, como por la belleza de su
marcha de aproximación, que discurre en su ruta de ascenso
más transitada de la GR-11 a través del valle de
canal Roya y los ibones de Anayet. En realidad, es una amplia
arista conformada por dos cumbres gemelas separadas por el collado
Rojo. Al norte se alza el Pico de Anayet (2.545), de perfiles
mucho más espectaculares y abruptos y, por tanto, de más
dificil acceso que su gemelo, el Vértice de Anayet (2.559),
al sur, que lo que gana a su hermano en altitud lo pierde en
dificultad de ascensión y estética.
La marcha comienza en la estación invernal de Candanchú,
donde bajamos por la carretera que lleva a Canfranc hasta unos
metros antes del puente del Castellar o del Ruso (0h.20'). Allí
abandonamos el asfalto y nos encaminamos por un sendero (izquierda)
hacia la canal Roya. Pronto enlazamos con la pista que nos adentra
en el valle por un terreno boscoso, muy agradable para la caminata.
La fuente del Cerezo (0h.50') permite un primer respiro y llenar
la cantimplora, ya que, salvo algún arroyo en las alturas,
no encontraremos más bebederos. La pista discurre a la
izquierda del río y acaba por convertirse en una senda
que enseguida lo cruza, para comenzar a ganar altura con más
brío en las inmediaciones del refugio de Lacuart.
La Rinconada
El paisaje confirma las nuevas altitudes por las que transitamos:
el bosque da paso al pasto y las suaves formas de la canal Roya
en su zona baja se transforman ahora en un profundo cañón,
en cuyas paredes no es raro divisar algún sarrio nombre
que reciben los rebecos en el Pirineo oscense o escuchar
las llamadas de las marmotas.
La canal Roya dibuja una amplia curva en dirección NO-E-SE
rodeando el pico de Anayet (no confundir con el Vértice)
y sus perfiles vuelven a suavizarse antes de situarnos a los
pies del muro de La Rinconada (2h.30'), una pared de algo más
de 300 metros de caída, aparentemente, infranqueable que
cierra el valle.
Un sendero empinado, pero perfectamente dibujado sobre la roca,
nos eleva hasta el collado de Anayet (3h.20'), donde, sin llegar
a los cercanos ibones del mismo nombre, nos dirigimos hacia la
derecha (O) camino del collado Rojo (2.437 m.), situado entre
los dos Anayets y que nos obligará a alguna pequeña
trepada.
Una vez en el collado, el Vértice se alza a nuestra izquierda,
y hacia él nos dirigimos por la arista cimera hasta alcanzar
la cumbre, presidida por un vértice geodésico (4h.05').
Las vistas de las principales cimas del Pirineo occidental son
espléndidas, con especial mención del emblemático
Pic du Midi de d'Ossau (N), mientras que, a nuestros pies, se
sitúan los ibones de Anayet, un lugar de parada obligada
por su belleza. El descenso lo realizaremos por el itinerario
de subida. Nos llevará algo más de tres horas,
para totalizar 7h.15' de caminata sin contar paradas.

'Ochomilista' con
polémica
F. J. Pérez

La nómina de coleccionistas de los Catorce Ochomiles tiene
un nuevo nombre. El coreano Um Hong Gil (39 años) ascendió
el 31 de julio el K2 (8.661 m., vía Abruzos), lo que significaba
su decimocuarto ochomil. Al menos, según él, porque
la gesta del asiático, que sería el octavo hombre
en completarla, no está exenta de polémica.
Las dudas se remontan a 1995 y a su presencia en el Lhotse (8.516
m.). Mientras Hong Gil da por hollada esa cima, otros alpinistas
que escalaron la montaña con él, como Juanito Oiarzabal,
afirman que, antes de llegar a la cima, se dio media vuelta.
El montañero coreano reconoce esa versión, pero
la completa asegurando que, al poco rato, volvió sobre
sus pasos hasta alcanzar la cumbre. La prestigiosa periodista
Elizabeth Hawley, encargada de homologar las ascensiones a ochomiles,
nunca dio por buena esta versión, por lo que la gesta
de Um no ha adquirido carta de oficialidad.
Polémicas al margen, Um Hong Gil ostenta un envidiable
palmarés ochomilista, que inició en el Everest
en 1988 y no retomó hasta 1993 (Cho Oyu y Shisha Pangma).
Tras otro paréntesis de un año, de 1995 a 2000,
el coreano ha hollado diez ochomiles, además de la ascensión
fantasma al Lhotse.

Caza y pesca
Perro viejo, cazador cojo
Juan Antonio Sarasketa
Los cazadores dormirán poco esta noche, se levantarán
de madrugada y mirarán las estrellas, que no terminan
de marcharse por culpa del perezoso sol. No en vano, mañana
se producirá la desveda en Ávila, Burgos (sur),
León (sureste), Salamanca, Segovia, Valladolid, Zamora,
Madrid, Navarra y Aragón. El martes, en Mallorca, Castilla-La
Mancha, Álava, Palencia (sur) y Soria. Todo está
listo: comida, escopeta, cartuchos, ropa y, cómo no, ese
insustituible compañero de cuatro patas al que no le hace
gracia madrugar mucho.
Por sus cabezas bullirán promesas y propósitos
difíciles luego de llevar a efecto. Pero lo importante
es que esa viajera alada que arriba del continente africano no
haya iniciado en parte el regreso a su lugar de origen, impulsada
por la retirada exultante de esa paja que le sirve de momentáneo
refugio.
El joven cazador dará sus primeros pasos y pondrá
a prueba su primer perro, dando suelta a una afición contenida
durante todo el año. Vivirá igualmente momentos
inolvidables al observar tenso y emocionado como el noble animal
levanta el hocico para ventear la pieza hasta quedarse quieto
como una piedra. Los miembros estirados, la cola tersa como un
junco y los ojos, con una fijeza extraordinaria, impregnados
de efluvios magnéticos. Parecerá que no puede respirar
siquiera, y así pemanecerá hasta que el absorto
cazador le ordene entrar a la codorniz. Es el momento más
bello. Lo del tiro es más fácil, aunque la mayoría
de los que se fallan debían haberse cobrado si el cazador
no se hubiese precipitado al doblar el índice.
Andar no quiere decir, ni mucho menos, que se cace bien, ni llevar
una escopeta, mandar un perro o elegir el campo de operaciones
significa la posesión de todos los complejos conocimientos
de destreza, inteligencia y estudio de las costumbres de la codorniz.
De la teoría a la práctica hay un amplio camino
sembrado de dificultades. Y, para vencerlas, hace falta sacrificio,
conocimientos y, sobre todo, mucha experiencia. Máxime,
en temporadas como la presente, cuando las codornices no abundan
y las oportunidades hay que trabajarlas.
No se equivoca ese adagio cinegético que dice: Para la
codorniz, perro viejo y cazador cojo. Así pues, despacito,
cortar bien el terreno con el sol de espalda, a poder ser ,y
cara al viento.

Datos de interés
- Cima: Vértice de Anayet (2.559 m.). Puntuable
para los Cien Montes.
- Situación: Pirineo oscense occidental, entre
Canfrac y Sallent.
- Dificultad: Alta. Para montañeros con fondo.
La ascensión final exige alguna trepada.
- Desnivel y tiempo: 1.199 m. 7h.15' (4h.05' de ascensión)
- Comunicaciones: Desde Bilbao, llegar a Pamplona y
coger la N-240 a Jaca. Luego, la N-330 a Candanchú.
- Servicios: Todos en Candanchú
- Tel: 974373263 y Canfranc
- Tel 974373141. Cámping en Canfrac
- T 608731604. Agroturismo en Canfranc.
- Cartografía: Mapa y guía de Candanchú-Canfranc
(Ed. Alpina).
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