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DOSSIER 1997


A la cola

Las aglomeraciones ante el edificio de Gehry son una estampa casi tan habitual como 'Puppy', el perro de flores que preside la explanada del museo

GERARDO ELORRIAGA

Hace cuarenta minutos que estoy aquí, en un día inhóspito, con frío y lluvia. La construcción es maravillosa, pero una obra también debe ser servicio y función, y por lo tanto, Frank Gehry cuando lo diseñó o quienes trabajan ahora aquí tenían que haber previsto de qué manera proteger a la gente, conociendo las características de la climatología bilbaína", denunciaba Daniel Osorio, director de la mayor empresa de publicaciones periódicas de Argentina, y uno de los visitantes que hacía cola para entrar en el Museo sobre las once y media de la mañana del pasado día 6. "Por otra parte, aunque respeto el idioma vasco, al menos podrían explicar el sistema de admisión, porque vemos que hay personas que entran con frecuencia por otras puertas y nos crea una sensación de injusta asimetría".


J. L. NOCITO
Enorme cola para la taquilla, en un día de gran afluencia.

Media hora de pie

Unas decenas de visitantes más allá, Ingrid Hesse, una joven de la ciudad alemana de Bremen, se quejaba de llevar más de media hora de pie contemplando alternativamente la misma perspectiva de un edificio "absolutamente fascinante" y los malos presagios de la concentración de nubes. "Debería haber fórmulas para comprar el ticket en el hotel o por adelantado, y si las hay, informarnos previamente".

La afluencia de público empezó a disminuir a partir de las dos de la tarde y las aglomeraciones se redujeron y cesaron prácticamente una hora después. Ron Bradley, estudiantes inglés, aseguraba no haber sufrido más de diez minutos de típico sirimiri. "Estoy acostumbrado a las colas; para acceder a la Royal Academy en Londres también es habitual aguardar unos treinta minutos", explicaba. "Me ha gustado mucho la exposición, aunque no entiendo qué sentido tiene en un lugar como éste, destinado al arte contemporáneo".

A las cinco y media, Michelle Po dirigía su cámara en todas direcciones intentando apresar la ría, el muelle, la Universidad de Deusto y un retazo del Museo en el mismo cuadrante. Diseñadora de interiores establecida en San Francisco, era una más del numeroso contingente de californianos presentes que accedieron la semana pasada a la muestra. "He llegado hace una hora y sólo he estado un cuarto de hora 'in the line', pero no me hubiera importado esperar más. Los chinos, aunque seamos de tercera generación, seguimos teniendo una gran paciencia".

La aglomeración de gente ante el edificio de Gehry se ha convertido en una imagen tan habitual como la del propio Puppy, el enorme perro de flores de Jeff Koons que recibe a los visitantes en la explanada del museo.

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