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Gloria
al Gran Stalin
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De nuevo una macroexposición del Guggenheim requiere de una asociación eventual de patrocinadores, en este caso Iberdrola y el BBVA.
También han hecho sus aportaciones infinidad de olvidados museos rusos de provincias, lo que permite abundar en una visión abrumadora por momentos de la evolución del arte de aquel país, desde la Edad Media, en que se multiplican la pintura y la escultura religiosas bajo la dorada influencia bizantina, con infinidad de iconos; se ha reconstruido incluso, sobre una enorme pared, la disposición de las pinturas del iconostasio del Monasterio de San Cirilo, expoliado cuando la Revolución, en 1917.
Los ambulantes
La muestra transita por las corrientes realistas del XIX
y se detiene en los llamados pintores ambulantes, un grupo de artistas
que se oponen al academicismo, que ejercen la crítica social
y prefieren exponer de pueblo en pueblo; Ilia Repin, gloria de la pintura
rusa de la época, con su imponente loa del esfuerzo común
maltratado por la explotación ciega, que plasma en 'Los sirgadores
del Volga', es uno de ellos, como los paisajistas Isaac Levitan e Iván
Shiskin, con toda una escena hiperralista de un paisaje nevado.
La muestra es abundante en retratos, escenas simbólicas y paisajes fascinantes, realizados cuando los artistas rusos acusan, sobre todo en el XIX, la influencia de Occidente. Vasili Smirnov, un academicista, encumbra el simbolismo al pintar la muerte de Nerón; pero parece que se refería más bien al asesinato en plena calle del zar Alejandro II.
Un conjunto de obras de pintores impresionistas y posimresionistas franceses, de Degas y Marquet a Matisse y Gauguin, y también del Picasso cubista, reunidas por los comerciantes Serguéi Shchukin e Iván Morozov, anticipan una convulsión en el arte ruso.
Stalin ante el espejo
Los creadores del gran país del Este harán
de todas formas sus propias aportaciones a las vanguardias del XX, sobre
todo el constructivismo, aunque sobre él la exposición
pasa como de puntillas, con algunas pocas obras de Tatlin, Popova, Rodchenko
y Malevich.
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Dostoievski
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El realismo socialista tiene un despliegue inusitado de obras que alcanzan formatos monumentales, donde se exaltan los hechos de guerra, los grandes líderes y los actos históricos del régimen soviético, sobre todo del omnipresente Stalin y del recuerdo de Lenin.
Plastov, Samojvalov, Shegal, Volkov, Jorzev, Milnikov y sobre todo Alexander Deineka son algunos de sus principales exponentes. El trabajo, el deporte y la vida moderna son idealizados, mientras en los años 70 y 80 comienzan a filtrarse ciertos guiños críticos con el arte oficial del régimen comunista gracias a los conceptuales Ilia Kabakov y Francisco Infante-Arana, hijo de exiliados españoles.
Un cuadro de Stalin ante el espejo, de Komar y Melamid, aporta una independiente interpretación de la historia reciente de Rusia.
La muestra llega hasta las videoinstalaciones de artistas como el Kabakov de los 90, con una obra referida al arte ruso del XX traída de Nueva York, Alexander Brodski, Grisha Bruskin, Oleg Kulik, Timur Novikov y Alexander Brodski, entre otros.
En una obra multimedia, Serguéi Bugaev registra en los muros de una estancia imágenes de la Rusia del XX; en una filmación una persona con un ataque de neurosis es sujetada a duras penas por los médicos.
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