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La Celestina en París

El joven Picasso incluye a la arquetípica alcahueta en el cuadro del Moulin de la Galette sobre el que pintó una escena callejera


G. Carrera BilbaoObra de un Picasso joven

L
a imagen rescatada mediante raxox X del primer cuadro del Moulin de la Galette que Picasso pinta al llegar a París, en el otoño de 1900, contiene una figura arquetípica y literaria muy conocida en España: la Celestina. En el ángulo inferior izquierdo del cuadro, sobre el que pintó luego una calle de Montmartre aparece la alcahueta, toda vestida de negro, carnal hasta la obesidad y con los ojos y los oídos bien abiertos.

«Es la Celestina, sin duda», comenta William Shank el comisario de la didáctica exposición que el Guggenheim dedica a mostrar cómo se ha podido recuperar –al menos virtualmente– la pintura que hasta ahora ha permanecido oculta por otra. Shank es conservador jefe del Museo de Arte Moderno de San Francisco, al que pertenece el cuadro ‘Rue de Montmartre’ que Picasso pintó sobre sus primeras impresiones del famoso salón de baile parisino.

El artista malagueño volvió a pintar el Moulin de la Galette , pero en la nueva versión cambia la alcahueta por una solitaria y atractiva joven que, de todas formas, debe de tener una inteligencia especial sobre lo que ocurre en el frenético baile.

«En mi opinión, ya no se trata de la Celestina», considera Shank acerca del nuevo ‘Moulin de la Galette’, perteneciente al Guggenheim de Nueva York, y también presente en la pequeña muestra de Bilbao, al igual que un cuaderno de apuntes y bocetos de aquellos primeros dos meses que Picasso pasó en París, varios dibujos prestados por coleccionistas de Sitges y Barcelona, y una serie de paneles en los que Shank compara la pintura que el artista descartó, la que plasmó encima y el cuadro del Guggenheim sobre el Moulin. Shank constata la fuerte influencia de la Escuela española en aquel primer Picasso, sobre todo en las oscuras tonalidades que emplea tanto en la imagen oculta como en el cuadro del Guggenheim neoyorquino, «uno de los mejores de aquella época», según el conservador norteamericano.

Pablo Picasso, hijo de un profesor de dibujo de enseñanza media, tenía ya para entonces un importante bagaje cultural. No tardaría en pintar una Celestina avejentada y tuerta, en uno de los cuadros más celebrados de su periodo azul y uno de los que el Estado francés escogió expresamente, contra el pago de impuestos, para la colección del Museo Picasso de París.