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EL BINOMIO INSEPARABLE |
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Groupe y. (1931) de George Vantongerloo. |
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Carmelina. (1903-1904), de Henry Matisse |
La cuna del cubismo
A principios de siglo, desde la colina de Montmartre, que ofrece
las mejores vistas de la ciudad, Matisse se valía de los
cuerpos de las modelos para desarrollar la forma en toda su voluptuosidad.
Y los fauvistas como Derain o Vlaminck renovaban el legado de
los impresionistas sacando los colores a las mujeres de los clubs
nocturnos de la zona. Mientras, Picasso, en su estudio del Bateau-Lavoir,
una fábrica de pianos reconvertida en colmena de artistas, ultimaba
el aldabonazo artístico que habría de suponer 'Las
señoritas de Avignon', (1907), donde la forma, destruida
y descuartizada, cobraba un papel mucho más decisivo y
terrible que el de la plácida sensación que se
desprendía de la obra de Matisse. El cubismo irrumpe así
en los estudios de Montmartre: de las crónicas bohemias
de Braque con violín, botella de vino y periódico
al orfismo de color y torre Eiffel de Delaunay. Gris, Léger
y Chagall, entre otros, vertieron también su mirada prismática
sobre personajes como el editor Figuière y bodegones de
jarras, vasos de vino y melocotones.
Abstracción geométrica
La fragmentación de la forma habría de devenir
en síntesis, y el cubismo en abstracción geométrica,
consistente en la supresión progresiva de lo secundario
hasta llegar a la línea recta, que compartimenta la superficie.
A partir de ahí, el color juega un papel activo en la
jerarquización de espacios dividiéndolos en positivos
y negativos. El primigenio cuadrado negro sobre fondo blanco
de Kasimir Malevich, en 1915, da paso a las abstracciones coloristas
de Mondrian, Moss, Hanson, Doesburg....
Estamos hablando de Montparnasse, el barrio al que se habían
trasladado los caballetes a partir de 1914 y donde se desarrolla
este hito artístico enmarcado por los desnudos eróticos
y potentes de Modigliani, Foujita o Bonnard; por los retratos
de aristócratas de Tamara de Lempicka o Diego Rivera;
el esquematismo semiótico de Picabia y Léger; el
purismo de los bodegones de Le Corbussier y Ozenfant; e incluso
el lujo ostentoso del Art Decó.
A finales de los años treinta el surrealismo, como una
visionaria premonición de los horrores que se avecinaban,
se adueña del panorama. Los sueños, las fantasías
sexuales inconfesables, las visiones terroríficas de lo
más profundo del subconsciente recrean en los lienzos
de Dalí, Magritte, Tanguy o Max Ernst una atmósefera
de pesadilla.
La resaca de la guerra
La Segunda Guerra Mundial supuso en el arte, como en todos los
frentes, un cambio radical. El escenario creativo se traslada
a Saint Germain-des-Prés. Reconcentrado y sobrio como
el existencialismo de sus pensadores. Abrumados por los rostros
lúgubres de la miseria y del desastre, Braque y Picasso
se entregan a un expresionismo sombrío de rosarios y calaveras
flanqueando jarras vacías. Así mismo los autorretratos
de Gruber y Bernard Buffet confirman el retorno a una realidad
descarnada, famélica como las esculturas de Giacometti.
El fin de la guerra y la esperanza de lo que ello podía
suponer en términos de restablecimiento de la calma fue
sabiamente recogido por la nueva escuela de París. Sus
integrantes, Jean Bazaine, Charles Lapicque, Alfred Manesier
y María Elena Viera da Silva abrieron sus lienzos a una
luminosidad nueva, que se colaba a través de un maremagnum
de cruces e intersecciones blandas que se dio en llamar informalismo,
'L'Informel'.
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'Sleeping nude'. (1945) de Balthus |
El arte social
Los sesenta irrumpen con la energía de su generación
intacta. Se retoma la abstracción geométrica que
había quedado aparcada en los 40: Tinguely Montersen,
Vasarely, Sobrino... A su vez, el arte se introduce, con la excusa
de la experimentación, en espacios no convencionales:
en las fiestas en la calle... Lo que comienza como un entretenimiento
de la alta sociedad, 'las mujeres pincel' de Klein o las sesiones
de pintura de Georges Mathieu, deviene en una revolución
popular, en un enfrentamiento abierto al poder y a la norma que
indaga en el valor simbólico de las representaciones y
cuelga carteles reivindicativos en los museos. El 'Nouveau Réalisme'
convive con los pintores de la 'Figuration Narrative': Aillaud,
Arroyo... que con su políptico sobre la muerte de Duchamp
reclaman el derecho a pintar.
La violencia de las revueltas y la impotencia de la derrota sumieron a la comunidad intelectual parisina en una especie de melancolía. La censura, por su parte, tampoco ayudó mucho..., y si a esto le sumamos factores externos como la decisión de algunos comisarios europeos de apartar la vista de París, los intereses socioeconómicos que inclinaban la balanza a favor de Nueva York, y el peso de la política que se hacía palpable en detalles como la indiferencia de los galeristas norteamericanos a raíz de la salida de Francia de la OTAN, de la mano de De Gaulle, el fin de la capitalidad de las artes de París que sentencia la fecha-colofón de esta exposición está en cierta medida justificado.
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'Woman seated in front o f a fire place'. (1915) de Modigliani |
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