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Arte y París
EL BINOMIO INSEPARABLE

El Guggenheim de Bilbao inaugura el 28 de mayo la exposición: 'París, capital de las artes 1900-1968'

Cristina Camargo-Bilbao

Groupe y. (1931) de George Vantongerloo.

París, la ciudad-luz de los boulevares y cafés, de las buhardillas y los puentes, se convirtió en cauce de las principales corrientes en las que habría de evolucionar el arte durante los dos primeros tercios del pasado siglo. El papel de la ciudad, entre escenario y acicate, musa y refugio, es el hilo conductor de la exposición 'París: capital de las artes 1900-1968', que, a partir del 28 de mayo y hasta el 3 de septiembre, presenta el Museo Guggenheim Bilbao.

La muestra, organizada por la Royal Academy of Arts de Londres, donde ha permanecido con gran éxito hasta el 19 de abril, y patrocinada por la Fundación BBVA, reúne más de 250 obras de 150 artistas, entre los que figura buena parte de los nombres míticos de la historia del arte más reciente: Matisse, Picasso, Braque, Duchamp, Mondrian, Magritte, Dalí, Man Ray, Giacometti...

El recorrido está organizado topográficamente, siguiendo la estela del movimiento de la comunidad artística a través del plano de la urbe. La inmensa mayoría de las obras expuestas vio la luz en esta ciudad donde, como decía Julio Cortazar en 'Rayuela', sólo en contados rincones «vale más la pena el cielo que la tierra».

Carmelina. (1903-1904), de Henry Matisse

La cuna del cubismo
A principios de siglo, desde la colina de Montmartre, que ofrece las mejores vistas de la ciudad, Matisse se valía de los cuerpos de las modelos para desarrollar la forma en toda su voluptuosidad. Y los fauvistas como Derain o Vlaminck renovaban el legado de los impresionistas sacando los colores a las mujeres de los clubs nocturnos de la zona. Mientras, Picasso, en su estudio del Bateau-Lavoir, una fábrica de pianos reconvertida en colmena de artistas, ultimaba el aldabonazo artístico que habría de suponer 'Las señoritas de Avignon', (1907), donde la forma, destruida y descuartizada, cobraba un papel mucho más decisivo y terrible que el de la plácida sensación que se desprendía de la obra de Matisse. El cubismo irrumpe así en los estudios de Montmartre: de las crónicas bohemias de Braque ­con violín, botella de vino y periódico­ al orfismo de color y torre Eiffel de Delaunay. Gris, Léger y Chagall, entre otros, vertieron también su mirada prismática sobre personajes como el editor Figuière y bodegones de jarras, vasos de vino y melocotones.
Abstracción geométrica

La fragmentación de la forma habría de devenir en síntesis, y el cubismo en abstracción geométrica, consistente en la supresión progresiva de lo secundario hasta llegar a la línea recta, que compartimenta la superficie. A partir de ahí, el color juega un papel activo en la jerarquización de espacios dividiéndolos en positivos y negativos. El primigenio cuadrado negro sobre fondo blanco de Kasimir Malevich, en 1915, da paso a las abstracciones coloristas de Mondrian, Moss, Hanson, Doesburg....
Estamos hablando de Montparnasse, el barrio al que se habían trasladado los caballetes a partir de 1914 y donde se desarrolla este hito artístico enmarcado por los desnudos eróticos y potentes de Modigliani, Foujita o Bonnard; por los retratos de aristócratas de Tamara de Lempicka o Diego Rivera; el esquematismo semiótico de Picabia y Léger; el purismo de los bodegones de Le Corbussier y Ozenfant; e incluso el lujo ostentoso del Art Decó.

A finales de los años treinta el surrealismo, como una visionaria premonición de los horrores que se avecinaban, se adueña del panorama. Los sueños, las fantasías sexuales inconfesables, las visiones terroríficas de lo más profundo del subconsciente recrean en los lienzos de Dalí, Magritte, Tanguy o Max Ernst una atmósefera de pesadilla.

La resaca de la guerra
La Segunda Guerra Mundial supuso en el arte, como en todos los frentes, un cambio radical. El escenario creativo se traslada a Saint Germain-des-Prés. Reconcentrado y sobrio como el existencialismo de sus pensadores. Abrumados por los rostros lúgubres de la miseria y del desastre, Braque y Picasso se entregan a un expresionismo sombrío de rosarios y calaveras flanqueando jarras vacías. Así mismo los autorretratos de Gruber y Bernard Buffet confirman el retorno a una realidad descarnada, famélica como las esculturas de Giacometti.

El fin de la guerra y la esperanza de lo que ello podía suponer en términos de restablecimiento de la calma fue sabiamente recogido por la nueva escuela de París. Sus integrantes, Jean Bazaine, Charles Lapicque, Alfred Manesier y María Elena Viera da Silva abrieron sus lienzos a una luminosidad nueva, que se colaba a través de un maremagnum de cruces e intersecciones blandas que se dio en llamar informalismo, 'L'Informel'.


'Sleeping nude'. (1945) de Balthus

El arte social
Los sesenta irrumpen con la energía de su generación intacta. Se retoma la abstracción geométrica que había quedado aparcada en los 40: Tinguely Montersen, Vasarely, Sobrino... A su vez, el arte se introduce, con la excusa de la experimentación, en espacios no convencionales: en las fiestas en la calle... Lo que comienza como un entretenimiento de la alta sociedad, 'las mujeres pincel' de Klein o las sesiones de pintura de Georges Mathieu, deviene en una revolución popular, en un enfrentamiento abierto al poder y a la norma que indaga en el valor simbólico de las representaciones y cuelga carteles reivindicativos en los museos. El 'Nouveau Réalisme' convive con los pintores de la 'Figuration Narrative': Aillaud, Arroyo... que con su políptico sobre la muerte de Duchamp reclaman el derecho a pintar.

La violencia de las revueltas y la impotencia de la derrota sumieron a la comunidad intelectual parisina en una especie de melancolía. La censura, por su parte, tampoco ayudó mucho..., y si a esto le sumamos factores externos como la decisión de algunos comisarios europeos de apartar la vista de París, los intereses socioeconómicos que inclinaban la balanza a favor de Nueva York, y el peso de la política que se hacía palpable en detalles como la indiferencia de los galeristas norteamericanos a raíz de la salida de Francia de la OTAN, de la mano de De Gaulle, el fin de la capitalidad de las artes de París que sentencia la fecha-colofón de esta exposición está en cierta medida justificado.

'Woman seated in front o f a fire place'. (1915) de Modigliani




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