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Oteiza: 'Mito y Modernidad'

El Guggenheim ofrece una amplia retrospectiva de la obra del escultor vasco


L
as vanguardias artísticas del siglo XX y la sensibilidad por lo abstracto, espiritual y humanista se conjugan en 'Mito y Modernidad’, una muestra que ofrece el Museo Guggenheim Bilbao sobre la obra del artista vasco Jorge Oteiza (Guipúzcoa, 1908).

Desde el 8 de octubre de 2004 hasta el 9 de enero de 2005, se puede apreciar la más amplia retrospectiva dedicada al escultor en los últimos quince años. La exposición ocupa las cuatro salas de formas singulares de la tercera planta del Guggenheim Bilbao y reúne aproximadamente 140 esculturas procedentes de museos y colecciones particulares. Además incluye, 43 dibujos y collages, que nunca antes se habían presentado al público, procedentes de la Fundación Museo Jorge Oteiza.

Con la colaboración del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, el Guggenheim ha organizado la exposición en base al proceso experimental del escultor, a fin de plasmar la evolución formal y conceptual del artista.

Margit Rowell —prestigiosa conservadora de arte moderno y contemporáneo— y el artista Txomin Badiola, profundo conocedor de la obra del escultor, serán los encargados de supervisar la muestra. Con ocasión de esta retrospectiva, se ha editado un catálogo con las obras de la exposición que consta de ensayos de Margit Rowell, Francisco Calvo-Serraller, Joseba Zulaika y Amador Vega, así como una breve nota de Richard Serra acerca de la obra de Oteiza, una serie de entradas a las secciones del catálogo de Txomin Badiola y una extensa biografía del artista.

Oteiza es, sin duda, uno de los artistas vascos más relevantes del siglo XX; ganador del premio de escultura de la Bienal de Sao Paulo en 1957, el galardón internacional más importante en este ámbito. Su influencia en generaciones posteriores es enorme pese a que su legado se ha expuesto en contadas ocasiones.

Su obra se le podría relacionar con el minimalismo americano —movimiento surgido con posterioridad al período creativo del artista—, las esculturas de Oteiza se enraízan en las vanguardias artísticas de principios del siglo XX: cubismo, expresionismo, surrealismo y muy especialmente neoplasticismo y constructivismo, al tiempo que comparte con otros artistas de la postguerra mundial una particular sensibilidad hacia lo abstracto, espiritual y humanista.

El trabajo artístico de Jorge Oteiza es difícil de definir, ya que su obra es extremadamente personal y no puede ser comparada con la de ningún otro artista de su generación. Singular como el carácter de su autor, mágica como la música de los bosques de su tierra, vital como sus gentes y sin embargo, universal.

Su legado muestra la permanente evolución psicológica del artista que, transportando su inspiración desde el arte prehistórico, buscó, en su original constructivismo, la constante redefinición del espacio para lograr un equilibrio místico que trascendió a su entorno y a su generación..