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Y DESPUÉS, ¿QUÉ?



El Príncipe alaba en euskera las «virtudes» de los vascos en su primera visita al Guggenheim

Don Felipe y Doña Letizia clausuraron un curso dedicado al ilustre bilbaíno Diego María de Gardoqui y Arriquibar

ITXASO ÁLVAREZ
Con un reconocimiento a Diego María de Gardoqui y Arriquibar, aquel bilbaíno enjuto, menudo y de mirada triste, sagaz comerciante, inteligente y hábil diplomático que vivió entre 1735 y 1798, llegaron ayer a Bilbao los Príncipes. El Museo Guggenheim acogía desde temprano por la mañana un seminario para estudiar la figura del que fue primer embajador de España en los Estados Unidos. Cuando George Washington tomó posesión como presidente, incluso sentó a Gardoqui a su lado. Y en Filadelfia hay una estatua en su honor.

Pero en su ciudad natal no tiene nada, ni una plaquita de reconocimiento; es su hermano Francisco, que llegó a ser cardenal, a quien Bilbao le dedicó una calle. Don Felipe y Letizia Ortiz corrigieron ayer esta desidia con su presencia en la Villa y con unas bellas palabras bien pronunciadas en euskera por el propio Príncipe de Asturias y dirigidas, como es el caso de Gardoqui, a todas las «personalidades de esta tierra cuyos valores y virtudes han engrandecido al País Vasco y, con él, a toda España».

Recorrido 'surrealista'

La de ayer era la primera visita de los Príncipes al edificio de Frank Gehry, de modo que aprovecharon para recorrer la pinacoteca antes de intervenir en el seminario organizado por la Fundación Consejo España-Estados Unidos, en colaboración con la Cámara de Comercio y con el patrocinio del BBVA.

'Cosas del Surrealismo'. No es que ésta fuera la impresión que se llevaron del museo; es una de las exposiciones que la pareja tuvo ocasión de apreciar, además de admirar algunas obras procedentes de colecciones privadas y públicas de EE UU. La visita se prolongó durante poco más de una hora. Una pequeña comitiva acompañó en todo momento a Don Felipe y a Doña Letizia: el director del Guggenheim Bilbao, Juan Ignacio Vidarte; el lehendakari, Juan José Ibarretxe; la consejera de Cultura, Miren Azkarate, y el delegado del Gobierno en el País Vasco, Paulino Luesma; el diputado general, José Luis Bilbao; e Iñaki Azkuna, alcalde de Bilbao, quien se saltó el protocolo y regaló a la pareja un paraguas para combatir el sirimiri que ayer, precisamente, pasó de largo por Bilbao.

Los Príncipes llegaron pasadas las once y media de la mañana en coche oficial ante la sorpresa de los turistas y los grupos de escolares que hacían fotos a la mascota de Jeff Koons. En la zona, y en las azoteas de los edificios colindantes, se habían desplegado numerosos efectivos de la Ertzaintza. Agentes de la Guardia Civil patrullaban la ría a bordo de una embarcación neumática, la MO6, que se situó entre el puente de Deusto y el Guggenheim. Desde el aire, un helicóptero supervisaba el lugar. Poco antes del mediodía, miembros del Cuerpo de Bomberos de Bilbao recogían del agua una pancarta con una proclama a favor de la independencia.

Don Felipe, de traje azul, corbata rosa brillante y zapatos negros, y doña Letizia, delgada y sonriente, vestida de seda con un estampado floral, abrigo morado y zapatos de tacón abiertos, no escatimaron en atenciones a quienes se acercaron a ellos. Ella accedió sin rechistar a tomarse una foto con un grupo de mujeres llegado desde León antes de marcharse, sobre las dos y media, rumbo al aeropuerto.