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¿Qué reloj lleva, don Felipe?
I. ÁLVAREZ
A Miguel Pérez, un muchacho rubio y de ojos azules del instituto San Agustín de Santander y coleccionista de relojes, le pudo la espontaneidad. Cuando el heredero de la Corona se le acercó y le estrechó la mano, se le fue la vista hacia el puño de la manga del Príncipe y, sin cortarse ni un pelo y ante las caras de espanto de sus compañeros de clase, a quienes cinco segundos de charla les parecieron horas, soltó la pregunta. «¿Qué reloj lleva, don Felipe?». «'Un Audemars Piguet. ¿Te gusta?', me dijo enseguida», relataba el chaval momentos después, cuando empezó a recapacitar sobre su exceso de confianza.
Lo que es a Don Felipe, no se le torció el gesto ni un ápice. Tampoco a su esposa cuando un grupo de leonesas, en las que se encontraban María Pilar López y Araceli Rodríguez, le pidió sin soltarle la mano: «Guapísima, por favor, hazte una foto con nosotras». «¿Desde Alicante nos venimos para veros!», bromeaba un matrimonio entusiasmado con la coincidencia. «Egunon, egunon», decía Doña Letizia a cuantos se acercaban para saludarla.
Muchos vecinos siguieron la entrada y salida de la pareja al Museo Guggenheim desde sus ventanas, y algunos hasta sacaron los prismáticos para no perderse detalles. Como no podía ser menos, la vestimenta de Letizia Ortiz, y no la de Diego María de Gardoqui, fue el tema recurrente entre congregados, un centenar escaso, tras el cordón policial. Los agentes multiplicaron las reprimendas a los que pretendían salirse de los límites para inmortalizar el momento con sus teléfonos móviles. «Es la tercera vez que le aviso, señora», se enfadó una policía. Un abuelo aprovechó que su nieto echó a correr para acercarse a los Príncipes. No se oyeron protestas ni gritos reivindicativos. Bueno, uno. «¡Volved cuando queráis!».
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