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Krens, artífice del Guggenheim Bilbao, pierde el mando de la fundación neoyorquina

Thomas Krens

El hombre que negoció con las instituciones vascas y que ha pilotado el desarrollo del museo deja la dirección por sus fricciones con el patronato de la Gran Manzana

Vidarte descarta que la marcha del ejecutivo afecte al futuro de la pinacoteca

J.A. GONZÁLEZ CARRERA
A Thomas Krens le sacaron la primera foto en el País Vasco nada más aterrizar en el aeropuerto de Sondika, una mañana de la primavera de 1991. Ex jugador de baloncesto, con casi dos metros de estatura, el director de la Fundación Solomon R. Guggenheim de Nueva York bajó del avión vestido con una gabardina y un ordenador al hombro.

Le recibió una delegación de autoridades del Gabinete Ardanza y la Diputación de Vizcaya, que le agasajó con un aurresku. Krens miró al dantzari con ojos entre divertidos y asombrados. Su primer destino fue Ajuria Enea, donde comenzaron oficialmente unas intensas negociaciones que concluyeron, hace diez años, con la inauguración del edificio de Frank Gehry.

A lo largo de todo este tiempo, la presencia de Thomas Krens ha sido habitual en Bilbao. Él mismo ha afirmado en más de una ocasión que en realidad era «el director artístico de todos los museos» de la firma Guggenheim, incluido el vasco, lo que le convertía en una pieza clave a la hora de establecer la programación artística de la pinacoteca y de influir en la compra de obras de arte de la colección permanente, en la que las instituciones públicas se han gastado unos 90 millones de euros.

El éxito del museo bilbaíno parecía ir de la mano del suyo propio, hasta que el pasado miércoles se supo que abandonará su puesto al frente de la fundación neoyorquina cuando se halle un sustituto, al parecer por discrepancias con sus jefes, el grupo de multimillonarios que integran su patronato. Es más, sin las polémicas y visionarias ideas de este hombre con fama de arrogante, que pretendía convertir la firma Guggenheim en una gran 'multinacional' del arte, el museo de Bilbao, el mayor éxito de su carrera, nunca se hubiera llegado a construir. «Le debemos muchísimo», valoró ayer Juan Ignacio Vidarte, director general del centro vasco.

Una nota de la fundación estadounidense explicaba ayer que Krens seguirá como asesor en asuntos internacionales y supervisor del museo en construcción en Abu Dhabi, en los Emiratos Árabes, otra vez haciendo pareja con el arquitecto Frank O. Gehry, como en Bilbao.

Krens cumple ahora veinte años al frente de la institución. Llegó cuando el Guggenheim atravesaba una complicada situación financiera, con sus títulos académicos en historia del arte y en economía, y desde entonces ha multiplicado por seis los fondos de la fundación, hasta llegar a los 118 millones de dólares.

Pero Krens, que demostró ser un genio para captar donaciones de los grandes magnates de las finanzas, ha chocado ahora con unos patronos que han recortado sus aportaciones económicas a la fundación, sobre todo desde la salida de Peter L. Lewis. Algunos de ellos le reprochan que no haya cuidado lo suficiente el museo de Nueva York, y que dedique todas sus energías a los proyectos de expansión en el extranjero. El todavía director probó suerte con un museo en el Soho dedicado a las últimas tendencias artísticas, que fracasó, y luego con sendos proyectos -firmados por Gehry- en la Zona Cero y al lado del río Hudson, que tampoco salieron adelante. Sin embargo, para una parte del patronato no ha sido suficiente.

El arte como diversión

Vidarte no niega esta «fricción, algo natural en una institución dinámica», pero apunta también a otras causas para explicar su salida del máximo puesto directivo, que se producirá seguramente a finales de este año: «El reto de Abu Dhabi es muy ambicioso en cuanto a escala, concepto y también por su ubicación. El Louvre, que estará allí, ha creado una agencia estatal para gestionarlo, y el Guggenheim tenía la alternativa de asumirlo como una parte más de su infraestructura o dedicarle una atención especial. Se ha optado por esta opción, con Krens al frente».

El directivo vasco descarta que las relaciones con Nueva York, después de 17 años, se vean afectadas: «Están bien engrasadas y no dependen de las personas». Además, «Bilbao ocupa un lugar muy importante dentro de la fundación, ha sido uno de sus éxitos y ahora es el ejemplo a seguir en Abu Dhabi».

La personalidad poliédrica e hiperactiva de Krens ha cobijado al visionario, al duro ejecutivo, al organizador de exposiciones y al comprador de obras de arte. Las esculturas de Richard Serra del museo vasco, así como la araña de Louise Bourgeois, el 'Puppy' de Jeff Koons y los letreros electrónicos de Jenny Holzer son adquisiciones en las que ha estado directamente involucrado; y de modo indirecto, en las demás.

Krens lo ha abarcado todo y costará buscarle un sustituto, que tendrá que asumir la mayor parte de su complejo legado. Suya es la idea de que un museo entra en un menú de diversiones que compite con «el cine y con la playa».

i.esteban@diario-elcorreo.com