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Arte de prestado

El Museo Guggenheim Bilbao obtiene la cesión temporal o definitiva de una treintena de obras en sus diez años de existencia

J.A. GONZÁLEZ CARRERA

Parecía un capricho impensable en Frank Gehry o una corrección arquitectónica en una sala de la tercera planta del Guggenheim, como si fueran las terminaciones de unos travesaños añadidos para instalar un sobrepiso en la galería de al lado o una reiliquia arquitectónica. Pero es una obra de 1984-85 de Cristina Iglesias, una de las artistas representadas de forma efectiva en la muestra del verano sobre el arte contemporáneo en Euskadi. Todo normal, ya que en su obra son habituales las resonancias arquitectónicas, si no fuera porque en la cartela se leía, por primera vez en este museo, que se estaba ante un depósito del Gobierno vasco. No había noticias de ninguno hasta ahora.

La pieza pertenece a la sociedad Sprilur, dependiente de Industria, y «viene muy bien», apunta Petra Joos, la conservadora jefe, para «complementar» la presencia de la artista vasca en la cosmopolita colección. Como ésta, una treintena de obras y también materiales asociados a algunas, como bocetos de las esculturas de Richard Serra y la célebre maqueta del edificio de Gehry, han ingresado como depósitos y donaciones en el Guggenheim, desde su apertura, casi todas gracias a mecenas particulares.

El incremento de fondos por vías alternativas a la compra directa de obras de arte era uno de los objetivos que la dirección se planteaba en 2000, cuando presentó en el Parlamento vasco, junto con la anterior titular de Cultura, el Plan Estratégico 2001-2004; para entonces, sin embargo, habían ingresado ya casi todas las donaciones y depósitos registrados a día de hoy, la mayoría por tiempo indefinido.

El director general del museo, Juan Ignacio Vidarte, cree que se debe a que «lo que había hace diez años entre los coleccionistas del entorno, ya salió en su momento; de todas formas -matiza-, conseguir préstamos y donaciones no era un objetivo del plan. Esto no se puede planificar. Además, propuestas de depósitos y donaciones siempre puede haber, pero también en esto el museo tiene unos criterios de selección, y no se admite todo. Son mejores las daciones (mediante compensación fiscal); dan más juego, pero las instituciones no las quieren generalizar».

El cuadro del Rey
La primera obra en llegar en calidad de depósito fue el cuadro de Miquel Barceló "Pintura agraria", que el Rey Juan Carlos envió cuando la apertura, en 1997, sumándose así a la celebración del nuevo museo. Poco después lo hacía, a iniciativa del propio autor, un cuadro titulado "El molino de viento", obra del expresionista italo-norteamericano Conrad Marca-Relli, cuya cesión ha acabado ya.

El principal grupo de depósitos procede de la empresa alavesa Tubacex e ingresó también a finales de los 90. En una época, esta empresa se hizo con una apreciable colección de arte minimalista y conceptual, con nombres como los de Kenneth Noland, Larry Poons, Jules Olitsky, Anish Kapoor y el tándem Peter Fischli-David Weiss, con un filme de estética industrial y trasunto dadaísta.

La operación, cerrada en los primeros tiempos, incluye también sendos cuadros de Miró, Tàpies y Schnabel, y una importante serie de seis litografías de principios de los 70 del expresionista norteamericano Willem de Kooning.
Las importantes operaciones llevadas a cabo con el marchante suizo Bruno Bischofberger han reportado al museo algunos préstamos a largo plazo que han ido variando: dos piezas de Damien Hirst, de las que queda una, y el cuadro de Andy Warhol "Gran pintura de Mao", que sustituyó en esa situación a "60 monalisas blancas".

g.carrera@diario-elcorreo.com