
Richard Serra : «El arte no debe servir a las ideologías»
Para el escultor, la creación del museo fue «como atrapar un rayo en una botella» y resultó el acontecimiento de su vida
MERCEDES GALLEGO
Sus esculturas pesan toneladas y están pensadas para que el público interactúe con los espacios que crea, pero en el impoluto estudio del barrio neoyorquino de Tribeca donde trabaja Richard Serra no hacen falta grúas, todo son maquetas a escala. El hombre que las crea se eleva sobre ellas como un dios para escrutar cada curva con una mirada limpia y penetrante que es la que aplicó a Bilbao la primera vez que lo vio hace 27 años. Fue él quien empujó a Thomas Krens y a Frank Gehry a conocer la ciudad y darle una oportunidad.
-La suya es la apuesta más importante del museo. ¿Qué significa Bilbao para usted?
-Es uno de los acontecimeintos más importantes de mi vida, y una de las cosas que más felices me han hecho.
-¿Y eso?
-Porque tiene un cuerpo completo de trabajo que contiene un lenguaje particular de su desarrollo que como grupo tiene sentido en términos de su forma e innovación. Tenerlo todo junto por un período amplio de tiempo es algo que uno no espera durante su vida.La gente podrá verlo y eso le dará vida propia.
-¿Qué le parece cómo se ven las piezas en ese espacio?
-Bilbao provee una perspectiva desde el balcón y a la vez es un lenguaje continuo que tiene una sintaxis que permite leer pieza a pieza. Es casi como si coges un diccionario en el que las palabras están definidas sólo por las otras palabras de ese diccionario. Las piezas están definidas por cada una y se definen unas a otras.
-El Guggenheim en Epaña es una institución publica, mientras que en EEUU funciona de forma privada. ¿Qué prefiere?
-Si en EEUU tuvieran un Gobierno dirigiendo un museo sería un desastre. Tendrían algo como en la Unión Soviética , arte por dictado. Sería un arte que representaría las posiciones del Gobierno.
-Particularmente en este momento, ¿no?
-Seguro que siempre sería así. No creo en la intervención del Gobierno en el arte. Siempre hay un canje. Es mejor que el arte se sirva a sí mismo, no a otras ideologías. Tampoco creo que deba servir a la religión.
-¿Y cómo le parece que ha funcionado la intervención pública en el Guggenheim?
-No era consciente de que era gubernamental. Déjeme decirle que, en comparación con el Gobierno americano, me parece bien el de los vascos. Pero en general no confío en los gobiernos. Hay que darle crédito a Juan Ignacio Vidarte, que no sirve a Krens como Blair a Bush. Creo que al final ese museo se independizará de Nueva York.
-Últimamente usted ha hecho algunos comentarios peyorativos hacia el museo como edificio; le parece pretencioso.
-Nunca he usado esa palabras. Cuando hago comparaciones pienso en términos de lenguaje escultórico y arquitectónico. Las comparaciones son odiosas porque no se fundan en principios similares, pero si me piden que sitúe mi escultura en relación con estructura del edificio, siempre optaré por mi escultura.
-Frank Gehry cree que está enfadado con él.
-No estoy enfadado con él. Frank Gehry ya es mayorcito y puede ocuparse de sí mismo.
-Dice que usted ha llamado "chatarra" a su edificio.
-No, lo que dije es que no entiendo por qué está haciendo bisutería para Tiffany"s. Y si lo dije, tendré que pensar en ello. Seguro que algún "blogger" sale con la cita, pero no creo que sea chatarra.
-Usted es quien le recomendó ir a Bilbao, ¿no?
-Sí, pero también otra gente, como Carmen Giménez. También se lo dije a Krens. Ellos querían ir a San Sebastián, luego a Santander. Lo que querían era aparcar la sombrilla en la playa.
-¿Con qué argumentos les convenció?
-Les dije que la vitalidad del país estaba en Bilbao, que allí está la médula.
-¿Qué tipo de museo esperaba ver?
-No tenía idea. Pensé que Gehry en ese momento era un arquitecto interesante y que Krens era un hombre decidido, por lo que había la posibilidad de que hicieran algo genial, como ocurrió. Creo que se dio una convergencia de la ciudad adecuada en el momento adecuado con el director del museo adecuado, y no creo que eso vaya a volver a pasar. No se puede reproducir Bilbao. Creo que es una de esas raras conjunciones que ocurren en un momento histórico determinado. Y esas ventanas sólo se abren y se cierran muy brevemente. Es como atrapar un rayo en una botella.
-Pues usted es parte intrínseca de ese producto, ¿qué representa en la botella?
-¡Soy un electrodo! (risas)
-Ya que no va a estar allí para celebrar el aniversario, ¿qué le diría a la gente de Bilbao sobre ese museo que se ha convertido en parte de su identidad?
-Que estén orgullosos de ello. Hicieron algo muy inusual y muy hermoso.
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