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«Criticar al Guggenheim es meterse con el Altísimo»

J.A. GONZÁLEZ CARRERA

Pedro Manterola Armisén nace en Pamplona en 1936. Doctor en Historia del arte, fue decano de BB AA, UPV, de 1981 a 1984; profesor en Leioa y Vitoria muchos años de Historia del arte vasco. Es autor entre otros de "El jardín de un caballero. La escultura vasca de la posguerra en la obra de Mendiburu, Oteiza y Chillida" (1993), "La pasión de Jorge Oteiza" (1996), "Peripecia de Ulises" (1999).

Pedro Manterola en Bilbao

-¿Ve exposiciones?
-Pocas. La última que me ha interesado fue la del Renacimiento centroeuropeo en el Thyssen. He dado muchos años clase de últimas tendencias, y creo que los que son buenos hubieran sido buenos en cualquier circunstancia. Hace poco vi la muestra de Txomin Badiola, aquí en Pamplona, en la galería Moisés Pérez de Albéniz: me interesó mucho, por más que es obra que no está hecha para gustar. Como me gusta lo que la misma "Casa Moisés" tiene ahora de Javier Balda; alguien con talento.

-¿Cuáles son sus preferencias?
-Cuanto más viejo soy más me gusta la pintura antigua. Rafael, los venecianos: Tiziano me vuelve loco. Tintoretto te pone el corazón en un puño; también Rubens. Los alemanes son tan retorcidos; me perturban y me emocionan... Entre los pintores del XIX, los preimpresionistas, hay uno maravilloso que es Courbet. Harto de la edulcorada pintura de su época, mera pornografía, pintó para sus clientes "El origen del mundo", el sexo de una mujer. «¡Vosotros lo que queréis es ver esto!», les dijo. Este tipo de actitud es muy saludable para la pintura.

-¿Qué museos le interesan?
-El Prado me interesa; tengo que ir a ver la exposición de Velázquez. Me han dicho que la ampliación de Moneo está francamente bien, pero a mí la pintura del XIX, salvo Rosales y algún otro, no me interesa nada. Me gustan sobre todo los museos históricos; lo que pasa es que se han hecho imposibles. En el mismo Prado, antes podías ir un día a la sala de los italianos; sabías que al día siguiente podías volver a entrar con facilidad. Eso se ha acabado, y así en muchos grandes museos.

-¿Qué otros recomienda?
-Hay museos en Alemania que me gustan mucho, como la Pinacoteca de Múnich; en Italia hay museos fascinantes como la Academia de Venecia, más pequeños y agradables de visitar. Si vas a Amsterdam no puedes perderte el Rijksmuseum: Hals, Rembrandt... Hace tiempo, del de Bellas Artes de Álava me pidieron un artículo sobre los museos; todavía no se había inaugurado el Artium. Sigo manteniendo lo que decía: la cultura de nuestro tiempo es la cultura del espectáculo, una cultura que tiene necesidad de trivializar para divulgar las cosas. Y es legítimo, pero yo creo que al mismo tiempo los museos abandonan funciones esenciales. Si el arte no sirve para ampliar la conciencia de la gente, enseñar de verdad y dar mayor libertad, entonces no me interesa.

-¿Y el Guggenheim... ?
-Hace mucho que no bajo a Bilbao. El Gugggenheim me parece un edificio muy notable, que responde a una arquitectura muy personal pero que funciona. Meterse ahora con el Guggenheim, después de los efectos que todo el mundo pondera que ha provocado, es como meterse con el Altísimo. Y sin embargo conozco las maldiciones de Oteiza contra ese museo, las auténticas, las originales; no le aceptaron ni lo de la Alhóndiga, ni lo de la Sabin Etxea y se puso como un tiro. Es el arquetipo de los nuevos museos, con un efecto social y político enorme. Pero a mí los grandes museos llenos de gente no me suelen gustar.