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Los siete colosos de Serra
El poderoso escultor apura la instalación
de su gran conjunto escultórico 'La materia del tiempo' en la
mayor galería del Guggenheim
.Omnipresente
(Enrique Portocarrero)
.La
instalación de las nuevas obras 
.Maquetas
de las pieza s
J.A. González Carrera / Bilbao
¿Y todo esto ya aguantará?, ¿realmente la estabilidad
de estas obras de acero está garantizada?, ¿tienen la
seguridad de que no se caerán sobre la gente? «Absoluta
seguridad, no las movería ni un tanque», contesta rotundo,
y siempre antibelicista, el escultor norteamericano Richard Serra, quien
a sus 65 años acomete en Bilbao el mayor desafío de su
carrera de artista: la colocación permanente de un conjunto de
siete esculturas de enormes planchas de acero curvadas, buena parte
de las cuáles sólo se sostienen en pie por su propio peso,
las unas apoyadas contra las otras.
Serra supervisa en persona, durante todo este mes, la
instalación en la sala más grande del Guggenheim Bilbao
de las nuevas esculturas, de tamaño colosal, que harán
de este museo la principal referencia en el mundo de su obra de madurez:
el 'ara máxima' de un atareado y catártico 'semi dios'
de la escultura moderna, estos días en pleno trabajo. Su mito
en vida se agranda.El tenaz escultor trabaja en un tipo de obra contextual
a base de planchas de acero desde finales de los 60, pero su trabajo
más sofisticado e impresionante comenzó con 'Snake' (Serpiente,
de 1994-97), basada en la forma del cono, que es la primera pieza que
le compraron la Diputación de Vizcaya y el Gobierno Vasco para
la colección propia del Guggenheim Bilbao.
Como las 'Torsiones elípticas', que desarrolló
fijándose en el ovalado espacio central de la iglesia de San
Carlo alle Quatro Fontane, de Roma, y que presentó en el museo
bilbaíno en 1999, las obras que ahora instala junto a 'Snake'
abundan en lo que él mismo considera un nuevo lenguaje en escultura.
Algo que se basa en forzar, mediante giros y torsiones con uno o varios
ejes, formas geométricas conocidas en busca de lo inédito:
interacción del espacio y el tiempo.
Experiencia única
El artista promete una experiencia única a los
visitantes, que podrán experimentar con su propia capacidad de
percepción las misteriosas magnitudes que rigen la vida del ser
humano y el universo entero. Serra sueña con el momento en que
las personas pasen a ser las verdaderas protagonistas de tan poco convencionales
obras de arte, libres de simbologías y sellos, con las que se
podrán relacionar tanto en la intimidad de su interior como en
el diáfano espacio público de la gran sala, ahora llamada
Arcelor, el grupo metalúrgigo que patrocina la instalación
encargada al artista hace tres años.
De momento, los únicos que se mueven entre las
obras son dos decenas de trabajadores que, ayudados de grúas
y de un sistema neumático y deslizante, introducen y colocan
con gran parsimonia y detalle las planchas de acero cortén de
5 centímetros de espesor, 4 metros de alto y hasta más
de 30 de largo. Cada una de las obras está compuesta por un mínimo
de dos planchas y un máximo de ocho; en total son más
de treinta las que forman el conjunto. El peso medio de las planchas
es de 27 toneladas, aunque las hay de 12 y de hasta 40. En total, se
han empleado 1.030 toneladas de acero. Antes, el suelo de la gran sala
ha sido convenientemente reforzado, según explica Daniel Vega,
responsable de instalaciones del museo.
Todo va según lo previsto. Hasta el momento se
han colocado junto a la 'serpiente' ya tres de las nuevas piezas, tituladas
de forma descriptiva, y estos días se inicia la instalación
de la más reciente de todas: 'Punto ciego invertido', una obra
con algunas de las mayores planchas del conjunto y que, por su configuración,
impondrá un recorrido en zig-zag desorientador en cuanto a la
percepción del tiempo-espacio del lugar.
Serra, al que aún quedan quince días de
trabajos, se mostraba muy seguro de la labor, ayudado por la misma empresa
alemana con la que trabaja en sus esculturas de acero apeadas sobre
el suelo desde hace 27 años, según él mismo explica.
«Esta labor requiere de mucha concentración a lo largo
de mucho tiempo».
El escultor, asistido por la conservadora española
Carmen Giménez, que trabaja para el Guggenheim de Nueva York,
está contento de comprobar cómo la enorme presencia de
'Snake', que apabullaba a cualquier otra pieza que se instalara al lado,
reocupa su verdadero lugar en el marco de una instalación que
el público podrá recorrer como quiera. Podrá así
disfrutar tanto del espacio íntimo del interior de las obras,
como del espacio público que las rodea. «La gente será
libre para recorrer la instalación», advierte Richard Serra,
que apela simplemente a la capacidad de percepción del público
para poder entrar en su gigantesca y experimental obra.
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