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Kandinsky y sus amigos
La explosión del abstracto

Una exposición en torno a Vasili Kandinsky, muestra en el Guggenheim la génesis de la abstracción y la obra de algunos de sus principales valedores

Cristina Camargo-Bilbao

Composición 8. (1923) de Vasili Kandinsky

La aparición de las vanguardias en el siglo XX habría de suponer la progresiva superación de las formas de representación acuñadas en el arte hasta ese momento. La perspectiva renacentista, la captación de la atmósfera a través de los contrastes lumínicos cifrados en la contraposición de regiones de luz y de sombra, el dominio de la figura al servicio de la captación del movimiento delimitaban un techo expresivo que imponía una ruptura. A partir de ese momento comenzó a fraguarse un lenguaje inédito, que supeditaba la armonía de la representación mimética a la manifestación de la realidad invisible contenida en lo observado, a la exteriorización de las pulsiones internas que aquello provocaba en el observador.

A través de códigos cromáticos, como el fauvismo, o de deconstrucciones formales, como el cubismo, el objeto se fue alejando de su apariencia física para entregarse al culto de la espiritualidad. Kandinsky llevó ese juego hasta sus últimas consecuencias, liberando el color y la forma de la tiranía de la materia, y alcanzando a través de ellos una abstracción parecida a la de la música, valiosa en sí misma, más allá de la evidencia de cualquier referente.

TI. (1926), de Moholy-Nagy

A partir del 5 de julio el Mueso Guggenheim Bilbao traza, a través de 90 obras procedentes de los fondos de su colección permanente, la evolución hasta ese punto del pintor ruso, las corrientes pictóricas que le guiaron por ese camino, los artistas que compartieron su concepción nueva del arte, sus avances y retrocesos, y sobre todo su obra, dinámica y enigmática, como una realidad nueva contenida en realidades gastadas, cotidianas, pero a millones de años luz de ellas.

Vasili Kandinsky
(Moscú 1866, Neuilly -sur-Seine, 1944) iba para profesor de Derecho cuando a los 30 años decidió dedicarse a la pintura. Un viaje al norte de Rusia, donde quedó prendado de la infantil transgresión de las normas del arte popular; las visitas al Museo del Hermitage en San Petesburgo, donde se enamoró de Rembramdt; y una reveladora exposición de pintores impresionistas franceses celebrada en Moscú, en la que a través de Monet descubrió la fuerza arrolladora del color, habrían de marcar irremisiblemente su destino.

 

Desacuerdo con el mundo
Como la mayoría de los artistas rusos de su época, se trasladó en 1896 a Múnich, donde verían la luz sus primeras composiciones, alumbradas por el bello influjo del impresionismo. 'Cantante' y 'Dama con abanico', ambas de 1903, o 'Amsterdam, vista desde la ventana', de 1904, son obras de este periodo en el que junto con otros artistas funda el grupo Phalanx, para organizar exposiciones e impartir clases. Disuelto el grupo por su escasa repercusión, los años siguientes serán de aprendizaje, reflexión, lecturas y viajes, como el que realiza en 1905 a Túnez, donde conoce el arte islámico y su independencia con respecto al mimetismo.

En esta etapa entra también en contacto con las teorías de Wilhelm Worringer, que en su obra 'Abstracción y empatía', de 1910, describe el arte como la manifestación de la relación del hombre con el mundo exterior, llegando, a través de una revisión de la historia del arte, a la conclusión de que la progresiva desviación de la realidad que evidencian las manifestaciones artísticas del momento responde a una etapa de profundo desacuerdo entre el hombre y el mundo exterior. A través de la abstracción, de la renuncia a lo externo y el consiguiente refugio en lo interno, de la búsqueda de la espiritualidad contenida en la materia, Kandinsky llevará dicho desacuerdo hasta el extremo. Se trata de un desarrollo que se inicia en 1908, con la cesión del protagonismo al color y la progesiva alternancia de contornos definidos y no definidos en los objetos, y que se impone definitivamente en 1910 con 'Primera acuarela abstracta'.

'Establos'. (1913) de Framz Marc



En 1911, funda junto Franz Marc 'El jinete azul', grupo que apostaba por la transformación dinámica a través del arte. Ese mismo año publica el tratado 'De lo espiritual en el arte', en el que sienta las bases teóricas de su obra. El estallido de la I Guerra Mundial propicia en 1914 su regreso a Rusia, donde permanece hasta 1921. La huella de los suprematistas y constructivistas rusos con los que convive en este periodo hay que buscarla en la geometrización de las figuras de los lienzos a partir de esa etapa: 'Arco y punto', 1923, y 'Acompañamiento amarillo', de 1924. A su regreso a Alemania, imparte clases en la Bauhaus, donde coincide con Paul Klee y Lázslo Moholy-Nagy. La rigidez de las formas se convierte en una constante en la obra de todos ellos.

La llegada al poder del Partido Nacional Socialista en Alemania le lleva a París. Allí se debate entre la sinuosidad de surrealistas como Jean Arp y Max Ernst, cuya impronta se hace visible en obras de contornos suavizados, como 'Formas caprichosas', de 1937; y la no figuración estructurada de Georges Vantongerloo y Frantisek Kupka, pertenecientes al grupo Abstracción-Creación, apreciable, por ejemplo, en 'Lazo con cuadrados', de 1944.

Kandinsky supo ver en la línea, como había enunciado Arthur Ro-essler en un artículo en 1903, no sólo un elemento de construcción, sino también un vehículo certero para la expresión del mundo emocional.

 




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