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Eterno
Modesto Lomba
Al
principio de los 70 conocemos en el mundo la etiqueta 'made in
Italy'. Cómo íbamos a sospechar que detrás
de ella surgieran valores o ejemplos de semejante talla.
En este contexto surge una figura en el mundo de la moda como
es el diseñador industrial, y el perfecto ejemplo es Giorgio
Armani. Desde la aparición de la mano de Charles Worth
del pret-à-porter (listo para llevar), ningún diseñador
había superado el nivel de prestigio y popularidad alcanzado
hasta ese momento por los 'couturiers'. Y surge un concepto nuevo
impulsado sobre todo por Armani, donde se mezcla no sólo
la capacidad creativa sino también la capacidad de gestar
todo un entorno industrial alrededor de ésta.
Es curioso cómo a veces las cosas se vuelven en contra
de uno. Es el precio que, injustamente, ha tenido que pagar el
diseñador italiano Giorgio Armani, que se convirtió
en los ochenta en un símbolo de status, un imprescindible
del yuppie, justamente de aquello que él aborrecía.
Así son las cosas, Armani inventó y puso de moda
la chaqueta desestructurada, de líneas suaves y generosas,
blandas, alejadas de los uniformes de poder y de todas sus connotaciones,
y mira por dónde sus mayores seguidores son los ávidos
de poder por excelencia. Armani traspasó este 'look' más
relajado también a sus colecciones de moda femenina, dando
a las mujeres un surtido de elementos de proporciones controladas,
de líneas claras y sencillas y colores neutros, una especie
de sutil minimalismo, ligeramente andrógino y decididamente
eterno.
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