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Pasarelas en el museo
La muestra 'Giorgio
Armani', que se inaugura el próximo 24 de marzo en el
Museo Guggenheim de Bilbao, recorre los veinticinco años
de esfuerzo creativo del diseñador italiano
Jean Patou creaba estilos basados en los movimientos
pictóricos imperantes en su época y Elsa Schiaparelli
se nutría de los diseños surrealistas de Dalí
o de las fotos de Man Ray. Cocó Chanel diseñó
el vestuario de alguno de los ballets rusos de Diaghilev, Balenciaga
se inspiraba en Velázquez, Zurbaran y Goya; Dior bebió
las fuentes del Art Decó y el mismo Yves Saint Laurent
transitó en sus creaciones por sugerencias plásticas
tan notables como la pintura flamenca, el arte chino, el op-art,
Mondrian o el pop de Andy Warhol.
Son todos ellos, obviamente, algunos ejemplos de esa fecunda
relación existente entre la moda y el arte. Pero, ¿tiene
la moda una categoría artística autónoma?
¿Es la moda un arte aplicado con derecho de entrada a
los museos? Pues no es fácil la respuesta, sobre todo
si se tiene en cuenta que el impacto de las nuevos métodos
de producción industrial y la comercialización
masiva del pret-á-porter han apartado a los actuales diseñadores
tanto de las fuentes clásicas de inspiración vinculadas
al arte, como de un trabajo artesanal que creaba mundos artísticos
de tela.
Ahora bien, si por un lado la mayoría de los grandes museos
han desarrollado departamentos y exposiciones temporales consagradas
al mundo de la moda, por otro nadie pone en duda la lógica
de un respeto museístico hacia un puñado de creadores
con categoría creativa suficiente como para integrar la
nómina de los grandes artistas. Es el caso, por lo menos
en el siglo XX, de Cocó Chanel, Cristobal Balenciaga,
Christian Dior e Yves Saint Laurent, que ya han sido objeto de
numerosas retrospectivas comisariadas por especialistas de rigor
como Diana Vreeland o el mismo Harold Koda, en museos del máximo
prestigio.
Algo más discutible es, sin embargo, la elección
de Giorgio Armani por parte de la Fundacion Solomon R. Guggenheim,
como continuador de esa restrictiva entrada de grandes nombres
de la moda en los templos del arte.
La lógica expositiva
Pero
dicho lo anterior, no sería justo ignorar el considerable
esfuerzo encaminado a explicar y reflejar el importante discurso
artístico realizado por el diseñador italiano en
sus veinticinco años de profesión, que han realizado
los dos comisarios -el conservador del Costume Institute del
Museo Metropolitano de Nueva York, Harold Koda; y el Conservador
jefe de arte contemporáneo del Museo Guggenheim de Nueva
York, Germano Celant- en la muestra "Giorgio Armani",
que se inaugura con el patrocinio del grupo Iberdrola a partir
del dia 24 de Marzo en el Museo Guggenheim de Bilbao. Y es que,
a través de un recorrido organizado cronológica
y temáticamente, los comisarios demuestran varias cuestiones
fundamentales en beneficio de la propia legitimación artística
de esta exposición: el paralelismo existente entre las
creaciones de Giorgio Armani y los movimientos artísticos
de su época, la inclusión en su diseño de
numerosas inspiraciones artísticas, la relación
de su trabajo con un amplio mestizaje cultural y social; y el
pleno encaje de todo ello con una visión multidisciplinar
del arte y con una clara decantación hacia esa cultura
audiovisual, tan propia de este final de siglo.
El arte de Armani
Por lo que respecta a la pura visión artística,
no se puede dudar de una clara influencia de las corrientes minimalistas
de los años 70 y 80 en un tipo de diseño que, como
el de Giorgio Armani, apunta cuando quiere más al concepto
urbano del vestir y a la "desconstrucción" de
una silueta desprovista de ornamentaciones, que a la moda como
refelejo de una identidad social o como expresión sublime
de la belleza estética. En ese sentido, el estilo "casual"
de Armani se incluye en esa encrucijada artística de su
tiempo, donde impera más el mensaje y el concepto, que
la apariencia física del arte o la belleza de unos elementos
puramente decorativos que no tienen utilidad práctica
alguna. Claro que junto a esto último, también
Armani acude a las ya clásicas fuentes de inspiración
artística de la moda, reinterpretando a su manera en algunos
vestidos de noche el expresionismo de Kandinsky o Rothko, las
composiciones cromáticas de Matisse y hasta la creaciones
de León Bakst para los Ballets Rusos de Diaghilev. En
definitiva, lo que hace Armani es introducir la lógica
de la vida urbana moderna en la mejor tradición artística
de la alta Costura del siglo XX.
Androginia
 |
| La moda femenina de Armani está muy marcada
por detalles como las corbatas |
Cuestión esencial en esta
muestra consagrada a los 25 años del creador Giorgio Armani
es, desde luego, su legendario traspaso de la sobriedad en el
vestir masculino hasta los requerimientos de la silueta femenina.
Con ello, y también con esa visión reduccionista
y minimalista que su diseño aplica a las formas y a los
volumenes, Armani consigue en los años 80 un "look"
unisex plenamente compatible con las necesidades impuestas a
la moderna mujer urbana.
Por ello, de la misma manera que Cocó Chanel consiguió
liberar a la mujer con su simplicidad en los años 10 y
20 de las rigideces del vestir que imperaban en los comienzos
de siglo, Armani impone en los años 80 un estilo andrógino
en el que lo fundamental es el confort, la funcionalidad y la
libertad. De tal forma, puestos a buscar una legitimación
adicional para esta muestra en la asimilación del modisto
italiano con otros grandes renovadores de la historia de la moda,
también habría que aludir a la enorme revolución
social y cultural que los diseños de Armani han producido
en los hábitos del vestir y en numerosas manifestaciones
artísticas de las dos últimas décadas.
Mestizaje
Tema monográfico en cualquier reflexión sobre el
diseño de Giorgio Armani es el referente a las inspiraciones
étnicas en sus formas y en los materiales empleados. Al
igual que Balenciaga encontró en el barroco español
o en el retrato goyesco inspiración para reflejar la austeridad
del vestido de dia o la gracia del encaje nocturno, Armani realiza
una peculiar lectura de periodos históricos concretos
y de culturas como las de Japón, China, Indonesia, Polinesia
o el Norte de Africa. Así, sin dejar su propia filosofía
creativa, el diseñador italiano incorpora a sus vestidos
elementos de mestizaje como una forma, un color, un material,
un volumen, una pieza decorativa o un movimiento, reinterpretando
culturas no tanto desde el punto de vista folclorista, como desde
la optica del rescate de aquellos instrumentos que definen la
sobriedad de una determinada identidad. Fruto de ello es la presencia
en la muestra del Museo Guggenheim Bilbao de formas similares
a las camisas sin botones de Asia Central, a los caftanes del
Norte de Africa, a las capas cilindricas utilizadas en Nepal,
a los pijamas y cuellos de China, Persia e India o a los kimonos
japoneses. Otro tanto se puede decir de los numerosos materiales
y colores, donde destacan la seda, el terciopelo, el satén
y los tonos unas veces neutros y otras multicolores.
Arte multidisciplinar
Otro apartado que fundamenta artísticamente la exposición
dedicada por el Museo Guggenheim a Giorgio Armani es el que alude
a la relación de sus diseños con otras disciplinas
artísticas. En concreto, y más allá de la
lógica inclusión de las obras pertenecientes a
conocidos fotógrafos de moda como Ritts, Lindbergh, Bailey
o Demarcher; el propio montaje de la muestra refleja esa constante
interrelación que tiene el universo de la moda con el
arte escénico, la música y, en general, con la
cultura audiovisual. En ello colabora el reputado escenógrafo
y director teatral Bob Wilson, cuya puesta en escena permite
la incorporación de los 400 vestidos expuestos a una sublime
atmósfera de plasticidad visual, donde las formas, los
volumenes y las alusiones a la moderna maquinaria comercial de
la moda se convierten en un espectáculo de arte total.
A ello se añade, claro, la diversidad de una música
compuesta al efecto por Michael Galasso, que consigue sumergir
al espectador en esa misma filosofía minimalista, étnica
y conceptual, que busca Armani en sus creaciones.
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