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El arquitecto insumiso
El Guggenheim Bilbao muestra los proyectos de Frank Lloyd Wright, diseñador influyente que subvirtió los principios de su profesión
IÑAKI ESTEBAN
Frank Lloyd Wright despreciaba lo obvio. Si los arquitectos de su época ponían su todo su empeño estético en las fachadas, él construía con la mente puesta en los interiores, que es donde se vive. Si emplazaban la casa en el centro del terreno, él se iba a una esquina para que entrara mejor la naturaleza. Por muy sobada que esté la palabra "revolucionario", si algún arquitecto del siglo XX se la merece, ése es el creador del edificio del Guggenheim en la Quinta Avenida de Nueva York, la famosa espiral que ahora cumple 50 años. Un museo que también está boca abajo, ya que el recorrido se inicia en la última planta y se desciende desde ella hasta el atrio. El Guggenheim Bilbao conmemora el cincuentenario del célebre icono neoyorquino y de la muerte de su autor con una exposición compuesta por 63 proyectos y cerca de 200 dibujos, además fotografías y películas, y de maquetas originales y otras expresamente fabricadas para la muestra, que ya se vio en Nueva York. Wright perteneció a la etapa en la que los arquitectos dependían casi exclusivamente de sus planos, no como ahora, cuando las maquetas juegan un papel decisivo a la hora de ganar concursos y de convencer a los clientes. Comparada con la exposición dedicada a Frank O. Gehry, y al prodigio de su maquetería, ésta resulta menos vistosa, no por ello menos interesante, pues ahora se asiste a la forja de una extraordinaria inteligencia creativa y de una filosofía basada en aprovechar al máximo la luz natural y en la continuidad entre el interior y el exterior, hoy ineludible en la "alta" arquitectura, la que cuenta con un generoso presupuesto por metro cuadrado. En la presentación de la muestra, patrocinada por Iberdrola, estuvieron el director general del Guggenheim, Juan Ignacio Vidarte, los comisarios Margo Stipe y David van der Leer, y el presidente en Vizcaya del Colegio de Arquitectos Vasco-Navarro, Javier Salazar. Según éste, Wright «experimento, fracasó, triunfó y se reinventó, creó la arquitectura orgánica, articulada con la naturaleza, y fue también el primer profesional mediático, ya que solía aparecer con frecuencia en las revistas». Nació en 1867 y falleció a los 91 años, después de haber diseñado edificios hoy convertidos en estampas, como la Casa de la Cascada, que ocupa un lugar muy discreto en la muestra, y el propio edificio del Guggenheim neoyorquino. Muy apegado a su madre, se casó con Catherine Lee Tobin a los 22 años y con ella tuvo seis hijos. Era la época en que Wright aparecía como el alumno aventajado de Louis Sullivan, el padre de la arquitectura moderna, aunque luego diera la vuelta a sus ideas, pues en vez de la verticalidad de los rascacielos él prefirió las llamadas "casas de la pradera", con una espaciosa planta a ras de suelo. El incendio de Taliesin Según Margo Stipe, «sus casas nos hablan, no son silenciosas, reflejan modelos de vida, las de una familia cuyos miembros equilibran sus problemas personales con el disfrute de sus momentos tranquilos». Las divisiones estrictas entre la cocina, la sa la y las habitaciones le parecían artificiales porque la vida se de sarro lla de un modo continuo, si bien cuidó de que en sus proyectos residenciales, cuya importancia se destaca en la exposición, hubiera espacio para la privacidad. El Guggenheim, diseñado por un Gehry que no hubiera existido como arquitecto sin la auda cia de Wright, homenajea a este artista al que también define otra palabra muy manoseada, la de "visionario". |
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