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Cai Guo-Qiang: "El artista explora conflictos"

 

IÑAKI ESTEBAN

Cai Guo-Qiang-¿Qué reacción espera de los visitantes cuando entren al museo y vean los coches colgados del atrio?
-Espero una primera reacción de asombro ante una imagen espectacular y de una belleza poética muy evidente. A algunos espectadores también les recordará las explosiones de los los coches bomba, y ante esa contradicción entre lo bello y lo destructivo seguramente se preguntarán por su significado.

-¿Cuál es su significado?
-Es una obra concebida como respuesta 11-S, e intenta reflejar la paradoja por la cual el coche, símbolo social de la modernidad y del progreso, se pueda convertir también en un arma mortífera. Quiero que la pieza genere controversia. Mi papel no reside en emitir juicios morales, en determinar si el terrorismo está bien o mal. El artista debe plantear cuestiones relacionadas con entorno social y con el tiempo que le ha tocado vivir, y luego el espectador puede, si quiere, sacar sus propias conclusiones.

-¿Cabe alguna duda sobre la bondad o la maldad del terrorismo?
-Por supuesto, en un nivel lógico, el terrorismo es siempre condenable. Pero el artista no tiene por qué quedarse en ese punto. Más bien veo su labor como la de un explorador de los conflictos religiosos, de las diferencias culturales, de la atracción y el rechazo que provoca la violencia.

-¿Sabe que en el País Vasco existe un problema de terrorismo?
-Sí, lo sé, y estoy deseando escuchar lo que los vascos puedan decirme de mi obra.

-Su trabajo con la pólvora ¿también puede verse bajo esa perspectiva?
-Sí, y también la parte de mi obra en la que utilizo fuegos artificiales. Hay una obvia sensación de energía que se desprende de esa explosiones, pero también de violencia, lo que genera una contradicción.

-¿Qué entiende por "destrucción creativa", un concepto con el que usted define su trabajo?
-Crecí en un parte de China muy cercana a Taiwán, en la que los petardos y los fuegos artificiales son muy importantes en las celebraciones de todo tipo, también en las políticas. Es innegable que existe un aspecto de belleza y alegría en las explosiones, pero también recuerdan el daño que pueden hacer si usan de un modo violento. Y hay también una razón personal. De joven era muy tímido y la pólvora tuvo un significado de autodestrucción pero a la vez de superación y de autoafirmación. En ese sentido también se trata de destrucción creativa.

-¿Cómo halló la pólvora como medio de expresión artístico?
-Siempre me he sentido muy atraído por la energía natural de la pólvora, y pensé que podía ser interesante utilizarla sobre el lienzo en vez del óleo, porque establecía una tensión entre el control del artista y la trayectoria del fuego, que siempre tiene un elemento casual. Es la lucha entre el hombre y la naturaleza. Hay muchas veces que no somos capaces de reconciliarnos con ese rumbo azaroso que está en todo, también en nuestras vidas.

-Por qué abandonó China en 1996.
-No soy un exiliado. Elegí Japón y Estados Unidos para desarrollar mi obra. Pero nunca me he olvidado de mis raíces chinas ni de su cultura. Aunque debo equilibrar esa tradición con mi experiencia global.

-¿Espera que la democracia llegue algún día a China?
-La democratización de China es algo que está ocurriendo día a día, por el impacto de Internet, por la explosión de información, por la mejora en la educación, por el nacimiento de una clase media, por la urbanización de áreas rurales... Todos ésos son pasos para que llegue la democracia a China.

i.esteban@diario-elcorreo.com