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LA MUESTRA Luga y f echa: Museo Guggenheim |
Hay más en la muestra de videoarte en el Guggenheim Bilbao. Co mo dos mujeres, una obesa y otra muy delgada, que hacen una pasta similar a la del pan en unos cuartos minúsculos y entre flores de plástico, su personal reivindicación de la belleza. O como unos anónimos fans que interpretan con pasión a las estrellas suicidas Kurt Cobain y Ian Curtis, los líderes de Nirvana y Joy Division. Menos mal que antes de abandonar la sala se ve en dos pantallas a un concentrado Zinedine Zidane moverse con su sobria elegancia por el campo de fútbol: un héroe entre los agobiados.
La muestra, comisariada por Nat Trot man, reúne siete vídeos adquiridos por la Fundación Guggenheim de Nueva York en los últimos cinco años, firmados por una nueva generación de ar tistas que empezaron a ser cono cidos ya en el siglo XXI, y algunos tan jóvenes como Ryan Trecartin, que no ha cumplido los treinta años.
Una vez hecho el recorrido, el visitante llega a la conclusión de que vive en un mundo ingrato, cruel y lleno de desajustes persona les y sociales, aunque con algún momento glorioso, un grupo de temas muy querido para el videoarte y la fotografía de las últimas hornadas.
Si se entra en la sala 103 A por la derecha, el primer vídeo que aparece es el de Douglas Gordon y Philippe Parreno, "Zidane, un retrato del siglo XX", en el que proyectan al futbolista como un dios moderno adorado por la hinchada. A continuación Slater Bradley, en la "Trilogía Doppelgänger", divide su espacio en tres partes con tres pantallas en las que se ve a Kurt Cobain, Ian Curtis y Michael Jackson con la imagen borrosa o cuarteada, como si fueran películas viejas. «Es el signo de que ya no son actuales, parecen figuras en la sombra, aunque los dobles de los artistas los interpretan para alimentar su fantasía», explicó ayer Trotman.
La fábrica de bombillas de Cao Fei, en la que los trabajadores crearon sus propias coreografías y composiciones musicales, dentro del vídeo "Utopía ¿de quién?", dan paso a un sala de moqueta mullida y sofás cómodos en la que se proyectan las vivencias de una familia desquiciada, obra de Ryan Trecartin con el título de "Yo-ser-área", con niños y mayores disfrazados que destrozan los muebles de la casa.
Las dos mujeres que hacen pasta, elegidas a través Internet por la artista Mika Rotteberg para "Masa", y a las que hay llegar por un lateral de una escultura, sudan en sus espacios claustrofóbicos mientras trabajan como esclavas. Y como guinda, en la sala 105, la peripecia de un emigrado del Caribe en Londres, obra de Isaac Julien, y la sorpresa, titulada "Link", un recinto circular y cerrado donde sólo caben diez perso nas y en el que se ve el pasado, el pre sente y el futuro de las ciudades, siempre con una cápsula de plástico transparente al lado de los edificios, dentro de la cual se tumba la artista, Mariko Mori.
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