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Durero, grabado en el tiempo
El Guggenheim exhibe las mejores estampas del maestro del Renacimiento alemán del Museo Städel
J.A. GONZÁLEZ CARRERA 
Durante mucho tiempo, la imagen de Adán y Eva o la del rinoceronte, animal exótico del que apenas se tuvieron noticias en Europa hasta que abrieron los primeros zoológicos a finales del siglo XVIII y que el artista pintó de oídas, fueron las concebidas por Alberto Durero (1471-1528). El maestro del Renacimiento alemán, una figura equiparable en el norte de Europa a la de Leonardo da Vinci -también trabajó en diversos campos, incluso el teórico, e hizo un tratado sobre fortificaciones- fue muy consciente del poder de evocación y convocatoria de las estampas grabadas, así como del partido que podía sacar de sus habilidades como artista al servicio de burgueses y reyes, de Dios y hasta del diablo.
El Museo Guggenheim Bilbao muestra hasta el 9 de septiembre una selección de 165 estampas de Durero, un artista más venerado por el conjunto inmenso y coherente de su obra grabada que por su pintura -los lienzos más próximos, abundantes y atractivos se encuentran en el Prado-. Este museo madrileño celebraba precisamente, hace sólo dos años, una muestra de dibujos y grabados proveniente del Museo Albertina, de Viena, uno de los grandes coleccionistas de Durero. Aquel acontecimiento estuvo marcado por lo poco que paró el famoso dibujo de "La liebre", que el propietario prestó sin la debida licencia del Estado apenas mes y medio, temeroso del deterioro que el papel sufre con la luz.
La exposición que hoy se abre al público en Bilbao procede del Museo Städel, de Frankfurt, otro de los centros de referencia en la obra del gran artista germánico. «Hace 36 años que este museo no mostraba al público una selección de sus principales estampas; entonces fue con motivo del 500 aniversario de Durero», se felicitaba Juan Ignacio Vidarte, director general de la pinacoteca vasca.
«Es la exposición más amplia de la obra gráfica del artista que se ha presentado hasta ahora en España», valoraba a su vez el comisario de la exposición, Martin Sonnabend, conservador de la colección de grabados y dibujos del Museo Städel. «Traemos las obras más importantes de Durero, verdaderas marcas de su identidad artística; no tenemos el dibujo de "La liebre" -una obra que, por cierto, se hizo famosa mucho después gracias a la reproducción fotomecánica-, pero sí un verdadero conjunto de obras maestras del grabado, piezas que conservan en su mayoría la frescura del original», apuntó el experto. La muestra sólo se verá después en el propio museo de Frankfurt: «Las imágenes en papel deben estar sometidas a una luminosidad máxima de 50 lux; tampoco es conveniente que se muestren un tiempo superior a doce semanas».
Guerrero, sabio y artista
165 estampas reproducidas tanto de entalladuras o tacos de madera con el relieve de la imagen, como de planchas en cobre grabadas a buril, una técnica que Durero, hijo de orfebre, dominaba desde joven y en la que llega a realizar obras sublimes. Algunas de éstas presiden las tres salas que el Guggenheim dedica a la muestra, como "Las cuatro brujas", de 1497, y "Adán y Eva (El pecado original)", de 1504. Otras tres, realizadas en apenas unos meses y que representan tres modos de vida cristiana (el guerrero, el sabio y el artista), se presentan juntas: son "El caballero, la muerte y el diablo", "San Jerónimo en su celda" y "La melancolía", toda una declaración simbólica esta última sobre el origen del oficio de artista, que «en la época se atribuía a ese estado anímico», explica el comisario.
Con ella están en Bilbao la famosa imagen del rinoceronte que el rey Manuel I de Portugal se trajo a Lisboa desde India y que Durero pintó de oídas; su interés en mostrar la anatomía de los animales a sus congéneres recorre bastantes de los 165 grabados, donde aparecen continuamente perros, leones... En "San Eustaquio", otro grabado de buen tamaño al buril y de estética medieval -de los muchos que han hecho que aquella época de caballeros sólo se pueda ver así en la actualidad-, Durero sitúa delante a cinco galgos que en realidad es el mismo animal en cinco posturas distintas.
Fruto de la influencia de Leonardo y aún de Euclides y Vitrubio, Durero se sirve de la geometría, incluso para la plasmación de la figura humana. «Y es que estaba convencido -precisa Martin Sonnabend- de que con la geometría, con las matemáticas, se podía explicar el mundo».
g.carrera@diario-elcorreo.com
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