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El estudio fotográfico del pintor

La muestra del Museo Guggenheim investiga sobre la relación de los principales artistas de finales del XIX y de las primeras vanguardias con la fotografía

RAMON ESPARZA. BILBAO

 

'Bailarinas'. Edgar Degas.
Cuando Paul Delaroche, pintor cuyos cuadros casi nadie conoce, vio la primera demostración pública de la fotografía, dijo: «desde hoy la pintura ha muerto». La frase no resulta muy afortunada, vista desde la perspectiva histórica, pero expresaba el temor y la admiración de los pintores ante el nuevo medio. Ya en los albores del tercer siglo que conoce el invento de Niepce, el museo Guggenheim presenta una muestra, patrocinada por BBVA e Iberdrola, que aborda precisamente esas relaciones de pasión y odio que entablaron pintura y fotografía en los años que definieron el arte moderno.

La elección de los dos pintores de referencia, Degas, con quien se abre el período analizado en la exposición, y Picasso, se justifica por el carácter fundador de esa etapa de la pintura y escultura, en que se hacen patentes las repercusiones en el mundo del arte de las teorías románticas de la visión y los avances de la tecnología.

Lo que llama la atención del nuevo medio, en sus primeros años de existencia, es la promesa de una imagen fidedigna de la realidad, conseguida con un grado de detalle (que atrae al mundo del arte) y de fidelidad (que es el objetivo de la ciencia) muy superiores a lo que se puede lograr mediante el dibujo a mano. Pero, como señala Douglas Nickel en el catálogo que acompaña a la exposición, la fotografía encuentra, desde el primer momento, dificultades para cumplir lo que de ella se esperaba. No logra detener sujetos en movimiento, no consigue traducir adecuadamente la gama de colores a la escala de grises y presenta las cosas de un modo muy diferente a como la gente está acostumbrada a «verlas».

Frente a estas dificultades de carácter técnico, se sitúa el modo en que el romanticismo entiende la función del artista. Si el arte consiste en expresar la visión ideal del artista, ¿cómo puede la fotografía, que se limita a reproducir fielmente las apariencias, ser considerada un arte? Este es el terreno en el que Dorothy Kosinski eligió moverse al diseñar la exposición que ahora se muestra en Bilbao. La elección de Degas como punto de partida se justifica por el carácter innovador de su obra, que investiga constantemente en las nuevas formas de la visión, incorporando algunas de las características de la «mirada fotográfica» como los cortes aleatorios de las figuras o las poses de las bailarinas, directamente tomadas de imágenes fotográficas.

'Autorretrato'. Pierre Bonnard.
En este sentido, Degas iba mucho más allá que la mayoría de sus colegas, que, a pesar de sus diatribas contra la fotografía, utilizaban, cada vez con mayor asiduidad, imágenes de este tipo como apuntes del natural que luego incorporaban a sus pinturas. En la selección de artistas hecha por Kosinski puede verse esta función auxiliar de la fotografía respecto de la pintura que ya había sido vaticinada en el momento mismo de su presentación pública.

Pintores como Moreau, encargaban la realización de fotos en las que el modelo se colocaba en la misma pose de la figura que luego él incluiría en sus cuadros. Otros fueron más allá, practicando, de forma simultánea, la pintura y la fotografía. En unos casos, como los de von Stuck o Edvard Munch, utilizando la fotografía como una primera etapa en la concepción de la obra, que luego sería finalizada en el lienzo. El pintor y cartelista Mucha será quien utilice esta técnica de manera más radical, transcribiendo fielmente la imagen fotográfica al papel. En otros casos, como el de Bonnard, la fotografía constituye una obra paralela, con un complejo entramado de influencias entre el pincel y la cámara.

La exposición se cierra con Picasso, cuya obra fotográfica permaneció desconocida hasta hace relativamente poco tiempo y en quien vemos la fotografía como un elemento plenamente integrado en su vida cotidiana y que desempeña ya los roles de referencia visual y fuente de información que cumple en nuestros días.

La inmovilidad del movimiento
A Rodin no le gustaba mucho la fotografía, probablemente por los mismos motivos que impulsaban a Degas basarse tanto en ella. Para Rodin el modo en que la cámara reproducía la expresión del cuerpo humano era totalmente falsa. «Es el artista quien dice la verdad y la cámara quien miente». La sensación de inmovilidad que producían las imágenes de Muybrigde sobre el movimiento, recién conocidas entonces, era lo que le llevó a hacer esta afirmación. Pero, al mismo tiempo, Rodin no dudaba en utilizar la fotografía como medio de difundir su trabajo. Entre las mejores imágenes de la exposición se encuentran las realizadas por uno de los maestros del pictorialismo, Edward Steichen, sobre su 'Monumento a Balzac', así como un retrato en el que se combina la imagen de Rodin con la silueta de 'El pensador'.

'Bailarinas'. Edgar Degas.
La mirada moderna
Sin duda, la relación más compleja entre pintura y fotografía de las planteadas en la exposición es la que se da en Picasso. El malagueño acostumbraba a fotografiar sus obras durante el proceso de ejecución, lo que permite analizar ahora los cambios sufridos por algunos de sus cuadros, pero también la consolidación del estilo de alguna de sus etapas (la azul en concreto) puede analizarse a la luz de la costumbre difundida por los pictorialistas de virar los tonos de las fotos. En los archivos de Picasso han sido halladas fotos de distintas procedencias, postales, imágenes para coleccionistas, en las que se basó para pintar algunos de los personajes de sus cuadros. También recurre a la fotografía como fuente de documentación.

Pintura del instante
La primera indicación del uso de la fotografía por Degas aparece en uno de sus cuadernos de apuntes. Uno de sus dibujos representa dos mujeres vestidas con crinolinas y la mención 'Disderi, fotog'. Pero su obra está totalmente influída por ese nuevo medio. Las composiciones descentradas, los cortes de las figuras por el marco del cuadro, aparentemente accidentales, o el modo en que representa el movimiento, apuntan a una relación muy directa con la fotografía. Valéry decía de él que era uno de los primeros artistas en «ver qué podía enseñar la fotografía al pintor y qué era lo que el pintor no debía aprender de ella».




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