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Antonio Saura
Fruto de "una relación muy enriquecedora" con la familia

Las herederas insisten en tributar en Madrid, lejos de la fundación de Cuenca

J. A. G. C. BILBAO


El Gobierno vasco y la Diputación de Vizcaya adquirieron el año pasado los cuatro cuadros de Saura a las herederas del pintor, su viuda Mercedes Beldarrain y su hija Marina, el núcleo de la denominada Sucesión Saura. En realidad le compraron las obras 'Karl Johann II' y 'Crucifixión'. Las otras dos piezas, dos técnicas mixtas sobre papel, son un regalo de la familia al museo.

¿Cómo se adquirieron?, ¿fue un ofrecimiento concreto o se tuvo la oportunidad de escoger a la vista del repertorio de fondos de la Sucesión Saura? «No ­respondió Vidarte­. Esta ha sido una adquisición que ha tenido un desarrollo bastante largo; queríamos tener un conjunto de obra representativa de Saura y por eso, durante meses, hemos tenido una relación muy enriquecedora para ambas partes, tanto con la familia como con los diferentes lugares en los que había obra de Saura».

«Hemos contado con un gran apoyo como el de Guillermo Caballero de Luján, coleccionista y amigo de Saura, además de miembro de honor del museo», reveló Vidarte en la presentación de los fondos adquiridos. Aunque al menos su hija estaba en Bilbao, el acto no contó con representantes de la Sucesión Saura, muy ocupada en recurrir la reciente sentencia de un tribunal de Albacete en favor de la pervivencia de la Fundación Antonio Saura, entidad de iniciativa pública con sede en Cuenca, donde el artista tenía casa desde hace años y que, nada más morir, fue rechazada por las herederas.

«Lo importante de esa sentencia», que la Sucesión Saura piensa recurrir, es que «el tribunal, entre otras sustanciosas cuestiones, no advierte que Antonio Saura hubiera determinado que no quería la fundación después de haber contribuido a su creación», declaró ayer a este periódico Emilio Catalá, representante de la entidad, que debido a la actitud de la familia no cuenta apenas con fondos del artista. Catalá recordó cómo la familia y el albacea del artista, Olivier Weber-Caflisch, insisten en tributar el impuesto de sucesión con la Hacienda central y no en Castilla-La Mancha; «quizá ­dijo­, lo haya hecho ya con obras, pero el asunto fiscal todavía no está cerrado».

Lelong de París y otra galería de La Granja, Segovia, era situadas por Catalá como otras vías para acceder a fondos de la Sucesión Saura, «bastante más importante de lo que las herederas reconocen».

 




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