¿Es objetivable la calidad gastronómica? Los
promotores de la primera lengua electrónica lo deben de
creer así, pues han desarrollado un artilugio científico
en un instituto de Brasil. Su objetivo, sustituir a las papilas
humanas en los ensayos de alimentos.
Para justificar el ingenio, los brasileños aseguran que,
al absorber muchas moléculas de seguido, las papilas gustativas
llegan a cansarse, mientras que la máquina nunca se satura,
pudiendo aplicarse siempre los mismos criterios para testar la
composición química de los alimentos.
El aparato consta de cuatro sensores para sabores ácido,
amargo, dulce y salado, que son absorbidos por una suerte
de películas finísimas y que concretan así
sus características. A buen seguro que el artilugio tendrá
su utilidad, pero no reemplazará al hombre a la hora de
comer y beber.