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PRODUCTOS DE TEMPORADA

Txipirón o jibión

Carmen Otaegui

Los moluscos son uno de los recursos alimenticios que el mar proporciona al hombre. Y éste los viene aprovechando divinamente desde hace muchos siglos. Dentro de ellos se distinguen los que tienen doble concha (bivalvos) y los que sólo poseen una (univalvos). En esta categoría de moluscos se incluye la sepia, el pulpo y el calamar, llamadas moluscos blandos porque no tienen concha. Conocido científicamente como lóligo vulgaris, el calamar es uno de los más antiguos de las profundidades marinas.

Su hermano joven es el excelso txipiron o jibión, que ha envuelto en tanta gloria a nuestra gastronomía, sobre todo, con el singular plato de txipirones en su tinta. Aunque hay muchas variedades, las especies de calamar de las costas españolas son dos: el calamar común y el veteado.
El veteado es más frecuente en el Cantábrico. Habita en los fondos arenosos poco profundos, lo que permite la pesca de anzuelo, sin intervención de redes. De esta manera se obtienen las mejores piezas, ya que así su carne se mantiene muy tersa. De la otra forma se maceran y pierden tinta.

Por eso lo ideal es que sean de anzuelo capturados con koraña y del tamaño de un dedo. Sobre su tamaño existen discusiones, pues hay gastrónomos que prefieren el txipiron grande, conocido con el nombre de begi aundis (ojos grandes), que, troceados, son una maravilla. Unos y otros se acercan a nuestras bahías y ensenadas con las aguas cálidas del verano y del otoño. Por eso gozan de tanta popularidad en la cocina veraniega.

Estamos en la mejor época de saborearlos en infinidad de preparaciones: a la parrilla, salteados, encebollados a la romana, etc. Una fórmula de Arzak para preparar los begi aundis es a la parrilla con vinagreta caliente, sobre lecho de cebolla y pimiento y... con salsa negra. Una auténtica delicia.
Pero seguramente la receta emblemática de la cocina vasca es el txipiron en su tinta. Cada cocinero cuenta con una fórmula propia, aunque el verdadero secreto está en la propia frescura, en su tamaño y que se pesquen con anzuelo y no con red. Una vez bien limpios los txipirones se rellenan con sus patitas. Sobre esto un pescador dijo en cierta ocasión: «para qué rellenar con otra cosa; sería echar a perder el txipiron».

Eso no quiere decir que el relleno no lleve su cebolla, diente de ajo, perejil picadito, aceite y sal. El pescador se refería seguramente a la costumbre de algunos ­por supuesto fuera de Euskadi­ de rellenarlo con aceitunas o jamón. Para que no se salga el relleno, cada txipiron se sujeta con un palillo.

Para la salsa (como para cuatro raciones), se utilizará 1 dl. de aceite de oliva, dos cebollas, dos dientes de ajo, dos tomates, sal, un poco de pan migado para que engorde la salsa y las bolsas de tinta de los txipirones. Pueden servirse solos con un pan frito o acompañados de arroz blanco moldeado.


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