La sandía, «cofre de
agua»
Carmen Otegui
Saludable y apetitosa, la fruta
es un manjar imprescindible en los meses veraniegos. Sigue habiendo
en el mercado fresas, cerezas, ciruelas, peras... pero van llegando
otras y entre éstas, los refrescantes melones y sandías.
Estas últimas se convierten en frutas destacadas de una
temporada que ahora empieza, pues aunque los primeros ejemplares
aparecieron en las últimas semanas primaverales, para
alcanzar el dulzor típico que las caracteriza precisan
de buenas temperaturas.
Por eso las más apetitosas son las sandías de
los meses de julio y agosto. Es cuando se ofrecen con una cáscara
fuertemente verdosa, indicadora de su mayor dulzor. Y con ello,
de su más intenso aroma y sabor. Temporada breve que tiene
reflejo en el refranero que recuerda que «por la Virgen
de Carrión (8 de septiembre) deja la sandía y coge
el melón».
Las curcubitáceas son unas plantas herbáceas
cuyos frutos hidratan nuestras comidas, como sucede con las sandías.
Sus principales vitaminas son los del grupo A y C, y posee una
gran cantidad de fibra.
Botánicamente es hermana del melón. Es una de
las frutas de menor contenido calórico (19 por cada 100
gramos de peso). Y es además uno de los más grandes
frutos que existen.
Su peso oscila desde el más comercial que es entre
tres y cinco kilos, hasta los veinte o más que pueden
alcanzar ciertas variedades americanas. Es también una
de las frutas más vendidas, con un consumo anual en el
mundo, de veinte millones de toneladas.
Su origen es un tanto incierto, aunque parece ser que procede
del África Austral. Los árabes, que la llamaban
sindiya, fueron grandes consumidores ya que las consideraban
como un gran desintoxicante, y la propagaron por todo el Mediterráneo.
Los españoles la llevaron al Nuevo Mundo, donde su cultivo
se extendió rápidamente.
Su compra siempre entraña cierto riego, pues no puede
verse su textura hasta que no se abre. Hay que observar que sean
muy verdes, que produzcan un sonido limpio si se golpea con la
mano y que tenga bastante peso en relación con el tamaño.
Se toma preferentemente al natural, como postre. Y aunque
antaño la tacharon de mediocre, sosa y populachera, su
carácter refrescante y acuoso ha hecho que haya sido reconocida
y alabada, cantándole incluso los poetas , como es el
caso de Pablo Neruda, autor de una deliciosa Oda a la Sandía,
a la que llama Cofre de agua». Justo elogio que la convierte
en una de las protagonistas del verano en nuestra cesta de la
compra.