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Semana del 23 al 29 de septiembre de
2003

EL CORREO
Ferrán Adrià (El Bulli)
Extraída de depósitos fósiles
en la cordillera más alta de la tierra, es una
sal de roca con un característico color rosado.
Es de grano grueso y bastante dura, con un fino gusto
salado. En su laboratorio de El Bulli, el alquimista
Ferrán Adriá utiliza todo tipo de elementos
para sus fórmulas de color, sabor, aroma y textura.
Pero, a pesar de que todas las diferentes variedades
del cloruro sódico estén presentes en
su cocina, Adriá se apresura a dejar muy claro
que «la sal es sal». Considera que su uso
es uno, y que siempre hay que tener esto presente. «Hay
muchos tipos diferentes de aceite de oliva, o de agua.
Si los vas probando uno a uno puedes distinguir diferencias
en su sabor. Pero, al fin y al cabo, no dejan de ser
lo que son».
Defiende un uso de la sal común
para muchos platos elaborados, como el bacalao al pil-pil,
donde lo más importante es el grado de salado
y los matices no pueden apreciarse tanto. «Los
diferentes tipos de sal suponen, sobre todo, diferentes
texturas. La flor de sal con su forma de escama, la
sal de Maldon que se disuelve tan fácilmente,
las sales gema que son muy duras».
De la sal rosa del Himalaya destaca
su dureza, por lo que normalmente se encarga de molerla
antes de utilizarla. Su color rosado es muy interesante
para utilizarlo como elemento visual, que tan importante
resulta en la cocina de vanguardia.
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