La mantequilla (10%) y el yogur se dejan
notar, y de que manera, aportando sustanciosidad, refinada
suculencia láctea, la que atesoran sus inconfundibles
sabores. Nobleza sápida que se entremezcla con
una ligera y lograda dulzura que proclama su identidad
golosa; eso sí, en su justa medida. La jugosidad
contribuye a su calidad, así como el colorido
exterior amarronado e interior amarillento,
que le hacen más apetitoso. Esta empresa comercializa
este mismo bizcocho con otra marca: San Pelayo.